Diría que no soy sospechosa de analizar ni frívola, ni criminalizadoramente, la situación de Israel. Muy al contrario, en momentos de mucha dificultad, con el maniqueísmo informativo marcando el lenguaje mediático, y con toda la izquierda-la inteligente y la estúpida- vomitando demonios antiisraelíes (perfectamente camuflados bajo el paraguas del discurso “solidario”, que siempre viste mejor), algunos hemos intentado mantener una actitud de rigor con la verdad, y de sensibilidad con sus víctimas, esas que nunca salen en las noticias. Israel sufre una situación de aislamiento sangrante que dura décadas, enfrentada a todo tipo de enemigos, visibles e invisibles, que financian, ayudan y construyen una dinámica violenta que no parece tener final. No tengo ninguna duda, con todos su errores y miserias –que las ha tenido y las tiene- de que Israel es víctima. Esa condición, que resulta evidente, es negada por casi todos. Sin embargo, hace más de cincuenta años que lucha por sobrevivir decentemente en medio del caos, rodeada de millones de personas que quisieran destruirla, con vecinos que tienen, como único objetivo, su destrucción, con países poderosos que intervienen en la construcción de la guerra, pero nunca construyen la paz, enfrentada a una ideología totalitaria que educa generaciones enteras para el odio, y, a pesar de todo, aún es capaz de ser pionera en los avances científicos, de ofrecer al mundo algunos premios Nóbel, y de construir una democracia en el territorio árido de las libertades. Personalmente, admiro el coraje, la tenacidad y el sentido de sacrificio que representa este pequeño, pero gran país.Sin embargo, hace algunos meses que tengo la impresión de que Israel navega. Y no lo digo en términos de análisis interior israelí –ya tengo suficiente con entender la política de casa-, porqué ya existe un largo ejército de opinadotes que le dicen a Israel como tiene que gobernar. Pero, también es cierto que el actual gobierno desconcierta, no por sus acciones, sino sobretodo por el descontrol de sus estrategias. La última incursión militar, con la muerte innecesaria y cruel de muchas personas, es la última gota de una escalada de errores difícilmente comprensible. Sí. Se que los palestinos mantienen secuestrados, con total impunidad, a los soldados israelíes (y a la ONU, como siempre, le importa un pepino), sé que cada día tiran mísiles Kassam sobre territorio israelí, sé que les organizaciones palestinas queman todos los caminos de paz que se dibujan, que venimos de una larga historia de mentiras desde Arafat hasta el resto, sé que Irán controla el terrorismo de la zona, y amenaza con ser potencia nuclear. Sí. Sé que Israel no lo tiene fácil. Personalmente, desde la más absoluta complicidad en la lucha por su supervivencia, no le pido soluciones, y menos desde Europa, que siempre la ha dejado sola. Pero le pido estrategias. ¿Sabe Ehud Olmert hacía donde quiere llevar al país que gobierna? ¿Estamos ante una planificada estrategia con objetivos a largo alcance, o se trata de un puro inmediatismo táctico, con estrechas miras políticas? ¿Es un estadista, como lo han sido Rabin, Sharon y otros grandes de la historia de Israel? ¿O es un señor que se encontraba en el lugar adecuado en el momento adecuado, y va improvisando sobre la marcha? Algunos de los grandes errores del Líbano, hacen temer lo peor. Me duele profundamente. Ya sé que no es justo, pero, a diferencia de sus enemigos, Israel no se puede permitir ni el tactismo barato, vacío de contenidos, ni la mediocridad política. Porqué es el único país del mundo, que no solo se juega una bonita imagen política. Israel se juega, ¡ay!, su supervivencia.

Fuente: pilarrahola.com

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