zeev_jabotinsky.jpgSeriamente alarmado por la subida al poder de Hitler en Alemania, Jabotinsky presionó en 1933 para que se realizara un boicot judío mundial contra Alemania, esperando quebrar a Alemania económicamente; pero los líderes judíos y sionistas se negaron a cooperar. En 1934 se firmó un acuerdo entre Jabotinsky y David Ben-Gurión, entonces líder del Sionismo Laborista, secretario general de la poderosa Federación de Trabajadores y vocero indiscutido de la corriente principal del sionismo en Palestina. El acuerdo estaba destinado a aliviar los crecientes conflictos entre ambos grupos; la cooperación, no obstante, se frustró cuando la Federación de Trabajadores no ratificó el acuerdo. Revisionistas y Laboristas permanecerían como amargos adversarios políticos durante las décadas siguientes.

En 1935, los revisionistas se retiraron de la Organización Sionista en protesta por la negativa de la organización a establecer clara e inequívocamente que su objetivo final era la creación del estado. Los revisionistas también alegaban que el movimiento sionista era demasiado pasivo e incapaz de desafiar las restricciones británicas al desarrollo del Hogar Nacional Judío y a los intentos de los judíos de huir de Europa hacia la seguridad de Palestina. Jabotinsky centró sus esfuerzos en la ayuda a los judíos para llegar a Palestina por todos los medios – legales o ilegales. Sintiendo que los judíos de Europa Oriental estaban en gran peligro, llamó, en 1936, a una “evacuación” de los judíos de Europa Oriental hacia Palestina para solucionar el problema judío.

Franco y cándido, Jabotinsky compareció ante la Comisión Real para Palestina en 1937 declarando que “la demanda por una mayoría judía no es nuestra aspiración máxima – es la mínima”.

Sosteniendo que muy pronto habría 3 a 4 millones de judíos europeos buscando un puerto seguro en Palestina, comparó los “alegatos árabes a las exigencias judías” a “los alegatos del apetito versus el hambre”. El y sus seguidores argüían que todo el territorio del Mandato original Británico sobre Palestina de 1920 – que comprendía toda la Tierra de Israel a ambos lados del río Jordán debía ser parte de la patria judía.

Cuando la Comisión Peel recomendó la partición de lo que quedaba de la Palestina Mandataria en dos estados, Jabotinsky se opuso al plan. Si bien el liderazgo sionista lo aceptó con reluctancia, considerando que un estado trunco era mejor que ningún estado, los árabes lo rechazaron.

Al empeorar las condiciones en Europa, Jabotinsky empezó a apoyar la resistencia armada clandestina contra los británicos en Palestina, y en 1937 pasó a ser oficialmente el comandante del Etzel – la organización militar clandestina revisionista. Continuó centrándose en el rescate de los judíos de Europa por todos los medios disponibles, incluyendo algunos de los primeros intentos de evadir las restricciones de inmigración por medio de la llegada clandestina de inmigrantes por mar.
Sus planes para el futuro incluían la creación de un ejército judío que se formaría después de la Segunda Guerra Mundial.
Jabotinsky murió repentinamente a consecuencia de un ataque cardíaco, el 4 de agosto de 1940 mientras visitaba un campamento juvenil que operaba en Nueva York el movimiento juvenil revisionista – Betar, fundado en Riga en 1923 y que  él quiso tanto.

Jabotinsky dejó un legado intelectual de miles de trabajos y documentos – correspondencia, discursos, artículos publicados, panfletos y libros – incluyendo un diccionario inconcluso de rima en hebreo, pero los únicos efectos personales que tenía sobre sí en el momento de su muerte eran US$ 4 y una pipa.

A lo largo de su vida, Jabotinsky estaba convencido de que un estado judío era una necesidad histórica que habría de llegar. En sus escritos recordaba cómo, a la edad de seis años, había preguntado a su madre si “los judíos alguna vez tendrían un estado propio”. Su madre le había contestado: “por supuesto, niño tonto”. Jabotinsky, que dedicó toda su vida a la consecución de un estado judío, jamás cuestionó la validez de su respuesta. En 1935, cinco años antes de su muerte, Jabotinsky redactó su testamento, declarando que a su muerte podía ser enterrado en cualquier lugar, pero solicitaba que sus restos fueran trasladados a Israel “sólo por instrucción del gobierno judío ki takum” – “que será establecido”. En indicativo.

En 1965, los restos de Zeev Jabotinsky fueron traídos e inhumados en el Monte Herzl en Jerusalem.
En todas las ciudades del Estado no falta una calle con su nombre. Un asentamiento humano lo recuerda… Najalat Jabotinsky y el edificio “Mezudat Zeev” en Tel Aviv. En la Universidad de Ariel un sorprendente busto en mármol negro ilumina el recinto. Su tumba y la de Herzl son las más visitadas.

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