“Esto no sólo “leerán” en Bialik, esto aprenderán mientras el sol brille en el firmamento, mientras florezca la juventud en la tierra y mientras resuene en boca de nuestra nación el maravilloso entre los idiomas, el idioma de mil contrastes, duro y vigoroso como el hierro y tambien tierno y fulgurante como el oro, escaso en palabras y rico en conceptos, cruel en el enojo, mordiente en el sarcasmo, delicado como arrullo de madre en la hora de reconciliación y consuelo, el idioma cuyo sonido es a veces como repiqueteo de pedregullo desmoronándose en la cuesta de una montaña, y a veces como murmullo de hierbas en horas de primaveral mañana, idioma de movimiento grave, con garras osunas y con alas jubilosas de gorriones, el idioma del Decálogo y del “Escuchad!” de Moises, idioma de las invectivas proféticas e idioma del Cantar de los Cantares salomónico, idioma del lamento “ni rocío ni lluvia” de David e idioma de la reconfortación “consuélate, consuélate pueblo mio” de Isasías, idioma olvidado e inolvidable, idioma que fuera ya enterrado y revive para la eternidad – tal es el idioma de Bialik”.

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