La designación del encargado de defensa, Amir Peretz, de seleccionar a un musulmán, Raleb Majadele, para ocupar el ministerio de ciencia, cultura y deporte alimentó una importante polémica. Para que se concrete la decisión solo resta la aprobación del gobierno y el parlamento. Seria la primera vez en la historia que un árabe se desempeñe en un cargo de esta índole.

Las críticas no tardaron en escucharse y provienen, especialmente, de los partidarios extremistas de la ultraderecha. La ideología de sus integrantes es hostil hacia los islámicos. Pretenden desplazar a estos de los territorios judíos. Este dato es esencial para comprender porque solicitaron la dimisión del jefe laborista luego de su determinación. Esta actitud discriminatoria es lamentable y no refleja la respetuosa convivencia que existe entre los judíos y los árabes en la nación hebrea. Los musulmanes poseen una mejor calidad de vida en Israel, donde se codean con la democracia, que en sus propios estados en los cuales sufren el totalitarismo de sus líderes.

Gran parte de la sociedad israelí rechaza a los ultraderechistas. Por esta razón, se generó una fuerte renuencia a la coalición del gobierno de Olmert, hace unos meses atrás, con Avigdor Lieberman, un feligrés de este modelo.

Actualmente, el dirigente es responsable de los asuntos estratégicos del país. Sus palabras hacia Peretz se sintieron minutos después de la candidatura de Majadele. En sus declaraciones, enfatizó en el pedido de renuncia del ministro de defensa. Cuando una persona es asignada para cumplir con una función ¿se la juzga por su capacidad o por sus credos?. Lieberman, en esta oportunidad, se inclinó por la opción incorrecta, es decir, la segunda. Elegir este camino es vergonzoso y deplorable porque culmina en la discriminación. Los judíos fueron víctimas permanentes de este flagelo durante dilatados años. Conocen las sensaciones desagradables del aislamiento y de ser tratados con ignorancia. Un hombre como Lieberman que es parte de los políticos que conducen Israel, debería mostrarse como ejemplo con sus dichos y acciones. Tendría que fomentar el respeto hacia el prójimo. Pero, sus continuas expresiones de desprecio hacia los árabes son patéticas.

La presidenta del grupo parlamentario Israel Beiteinu también reflejó su disconformismo con el líder del laborismo. Aseguró que la selección de Majadele es un “golpe letal al sionismo”. Esta afirmación es errónea. La ideología del sionismo, constituido hace más de un siglo luego del caso Dreyfus, manifiesta lo antagónico. Menciona que los árabes poseen los mismos derechos que los israelíes. Por lo tanto, desde este punto de vista, el musulmán sería aceptado.

Otras críticas acerca de este tema apuntaban a que Israel perdería su condición de estado hebreo. En esta nación, según las últimas estadísticas, habitan más de 5 millones de judíos, el 76% de la población. La mayoría de los funcionarios profesan esa religión y los árabes están representados por 11 legisladores en el parlamento. La asignación de uno de ellos como ministro de ciencia y cultura ¿le quitará a tierra santa su característica de país judío?.

A las persona hay que evaluarlas en su trabajo, por la eficiencia y por la responsabilidad que ejecutan sus tareas y no por sus creencias, color de piel, sexo, etc. Las actitudes hostiles de algunos líderes políticos son paupérrimas. La discriminación que sufrieron varios pueblos en la historia y sus consecuencias no fueron suficientes para el aprendizaje moral de ciertos individuos, especialmente los devotos de la ultraderecha. Afortunadamente, poseen pocos adeptos porque la mayoría de los israelíes respetan a los árabes. Ellos se alinean bajo la frase “no hagas lo que no te gustaría que te hagan”.

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