altalena_1_t.jpg “Altalena” Un barco con armas 

    El 11 de junio de 1948 el buque “Altalena” (este era el seudónimo literario de Zeev Jabotinsky) partió de un puerto francés con 900 miembros entrenados del Etzel. En sus bodegas transportaba 5000 rifles y 450 ametralladoras empaquetadas y aceitadas, como también vehículos blindados de transporte de tropas, miles de bombas y 4 millones de balas, armamento suficiente para equipar a diez batallones.    

    Debido al atraso en la fecha de partida, el arribo del barco iba a coincidir con el primer periodo de tregua entre los judíos y los árabes y esto indujo al Comando Supremo del Etzel a consultar al gobierno de Israel y pedirle su opinión y consentimiento. Después de recibir un detallado informe en cuanto al barco y su carga fue dado el consentimiento junto con un pedido de apresurar su arribo. El ministro de defensa incluso determinó el lugar donde el barco debía atracar.

    Al mismo tiempo Beguin comenzó a negociar el reparto de las armas con el Ministerio de Defensa respecto a la distribución de armas. El Irgún exigió que un 20% de las mismas fuera adjudicada a las unidades autónomas del Etzel en Jerusalem y el resto al Ejercito de Defensa Israelí. No fue logrado un acuerdo en este sentido y fue emitido un ultimátum demandando la rendición del buque y las armas. El ultimátum  fue rechazado y en una sesión especial del gobierno interpreto Ben Gurión – quién era Primer Ministro y Ministro de Defensa – la posición del Etzel como un intento de rebelarse y ganar control del país, y decidió consecuentemente imponer los términos del ultimátum por la fuerza.

    El barco fue atacado con armas livianas y cañones y fue incendiado, resultaron muertos 17 personas que estaban a bordo. El Etzel respondió a la acusación de “Revuelta Armada” alegando que se trataba de “una conspiración de baja calaña”, un intento de vengarse de aquellos que habían sido sus rivales durante muchos años.    

    No obstante lo ocurrido no estalló la guerra civil y los sentimientos de ira y dolor que embargaron los hombres de “Altalena” no fueron un obstáculo para enrolarse al ejercito y salir a los diversos frentes de guerra a combatir a los invasores.

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