Por Dr. Gideon Avni,

Jefe de excavaciones e inspecciones de la Autoridad para Antigüedades de Israel (IAA)

ram4a.jpg En la amplia cobertura, realizada en las dos últimas semanas,  sobre las excavaciones,  cerca de la Puerta de Mughrabi,  junto al Monte del Templo , surgió ,  más de una vez,  la pregunta ¿ por qué deben realizarse,  justo ahora,  en un lugar tan sensible?

Según algunos informes de prensa, parece que – la IAA-  simplemente decidió una buen día que había llegado el momento de ir a cavar justo ahora, justo ahí, junto al Monte del Templo.

Por supuesto, la realidad es diferente. Las nuevas búsquedas,  cerca del Templo,  no resultan de la iniciativa de la IAA o del deseo de satisfacer la curiosidad  académica de los investigadores. Tienen el propósito de  documentar y salvar antigüedades,  antes de construir. La  única intención es planificar  la edificación  que reemplazará la rampa existente,  hacia la Puerta de Mughrabi. Esa  rampa fue  declarada,  por la Municipalidad de Jerusalén,  como lugar peligroso,  luego del derrumbe sufrido hace tres años.

Desde esta perspectiva, esta excavación no es diferente a otras que realizan en el país. Cada año, alrededor de 300 expediciones, se llevan a cabo en Israel con un solo objetivo: documentar y rescatar reliquias,  antes de llevar a cabo una construcción. En su mayoría,  permiten recavar documentación sobre los hallazgos, publicarlos  en la literatura profesional y luego, continuar la construcción y el desarrollo del área. En raras ocasiones, se descubre algún objeto,  de gran relevancia histórica, que hace que se deban corregir los planos para preservar el sitio. Es lo que ocurrió,   recientemente,  en la prisión de Meggido,  antes de realizar, en los alrededores,  nuevas estructuras. En esas excavaciones fue descubierto un sitio de oraciones cristiano, lo cual ayudó al proceso de reconstrucción del antiguo cristianismo en Israel en el siglo III EC. Debido a la importancia de ese hallazgo, se decidió preservar el lugar y rehacer los planos de construcción de la cárcel.

Hace unos 10 años, al sur de Israel, sobre el camino de Belén, se realizaron excavaciones de rutina en las que la IAA descubrió restos de la Iglesia de Kathisma, construida durante el período bizantino; lugar en el que, según la tradición cristiana, María, madre de Jesús, reposó en su camino a Belén,  antes de dar a luz. Aquí también los planos de la calle principal, que iba desde Jerusalén a Belén, se modificaron  para preservar ese hallazgo arqueológico.

En la Ciudad Vieja de Jerusalén y sus alrededores,  se realizaron,  recientemente, docenas de excavaciones;  llevadas adelante  tanto por el sector público como privado, y,  a veces, realizadas en sitios de una gran sensibilidad religiosa y política. Así, por ejemplo, varios operativos  de salvataje fueron realizadas en la Iglesia del Santo Sepulcro y en las estructuras adyacentes,  en cooperación con los líderes de las comunidad cristiana,  a cargo del lugar santo.

 En el Muro Occidental, hubo una gran excavación de auxilio,  que permitió  descubrir los vestigios de la parte oriental de El Cardo (una de las calles principales del período romano y bizantino). Pero, por alguna razón, no atrajo tanta atención o provocó protestas políticas como las comenzadas, esta semana,  junto a la Puerta de Mughrabi.

Las excavaciones iniciadas, recientemente,  junto a la Puerta de Mughrabi no son diferentes a otras realizadas en Jerusalén,  durante los últimos años . El objetivo es diseñar un plano de construcción para el lugar. Las áreas de excavación fueron determinadas según  los planos y son las únicas a modificarse.

Más importante aún;  contrariamente a las reiteradas acusaciones,  por el daño de las paredes del Templo o de las edificaciones religiosas que se hallan en su interior, la totalidad se realizan fuera de los muros del Templo, y no afectarán ni perjudicarán su estabilidad ni al  Templo.

Desafortunadamente, y no por primera vez, es muy conveniente para diversos grupos, relacionar esas  actividades arqueológicas con disputas nacionales y políticas, explotando  la arqueología para su propio beneficio.

II. La verdadera historia

Prof. Yuval Baruch

Arqueólogo de la región de Jerusalén,

Autoridad de  Antigüedades de Israel

El clamor levantado en torno a los trabajos de reconstrucción de la rampa de Mughrabi, nos inundó con nombres de lugares y expresiones que fueron,  por años,  telón de fondo de acontecimientos  y circunstancia sobre  los derechos del pueblo judío en el Muro Occidental, así como sobre la legitimidad de las excavaciones arqueológicas en el Monte del Templo.

A mediados del siglo XIX, el pueblo judío trató de mejorar su estatus en ese  lugar sagrado. Alrededor de 1850, el sabio judío Abdullah de Bombay intentó, sin éxito, comprar el Muro Occidental. Las tentativas de Moshé Montefiore fueron,  también,  vanas y lo único que se logró fueron acuerdos temporales,  cancelados periódicamente,  ante el pedido de los encargados del WAQF (Sistema Patrimonial Musulmán) al Gobierno Otomano, que temían que,  el pueblo judío,  adquiriera los derechos de posesión del lugar. En 1887, el Barón Rothschild diseñó un plan para comprar el barrio de Mughrabi pero, a último momento,  el proyecto fue cancelado,  por razones desconocidas. Incluso los intentos del la Compañía Palestina para el Desarrollo de la Tierra, de adquirir  los alrededores del Muro Occidental para el pueblo judío, justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, nunca prosperaron.

Después de la Declaración Balfour, las instituciones sionistas comenzaron a poner énfasis en el Muro Occidental,  como símbolo nacional del pueblo judío, además de su ya destacada significación religiosa. Esta acción llevó al Mufti de Jerusalén a reclamar que,  el pueblo judío,  pretendía tomar control del Muro Occidental, declarándolo,  sin sustento histórico o religioso, un lugar musulmán sagrado. Esta pared de piedra, a la que el pueblo musulmán no prestaba ninguna importancia, fue llamada desde entonces El Buraq, debido a que allí fue atado el  caballo mágico del Profeta Mahoma.

Alrededor de 1920, el Mufti de Jerusalén, ordenó la apertura de la puerta de Mughrabi,  en la parte sur de la plaza, atacando a creyentes judíos y destruyendo objetos rituales. Tiempo después, estallaron los disturbios de 1929. Como consecuencia, los británicos establecieron un comité de investigación. El reporte de ese Comité incluye declaraciones específicas sobre cómo el uso que el Mufti hizo  del mito de El Buraq, incitaba al pueblo árabe contra el pueblo judío.

La primera conexión entre El Buraq y esta región puede ser atribuida a Mujar al-Din,  juez del siglo XV cuyo ensayo “La historia de Jerusalén y  de Hebrón” es un elemento indispensable para entender Jerusalén. Entre las edificaciones que describe,  en el área del Monte del Templo,  hay una mezquita,  llamada Mezquita de los Occidentales (Mezquita Al Magriba). “En los patios del Monte del Templo, hacia el oeste de la Mezquita Al Aqsa, una estructura cubierta de cúpulas, conocida por el nombre de Mezquita de los Occidentales. Este es un lugar que despierta reverencia y muchos van allí a rezar (…)”[1]. De acuerdo a esta descripción es claro que,  al menos en el siglo XV, la Mezquita El Buraq, estaba ubicada dentro de los patios del Monte del Templo y, ciertamente, no en los alrededores de Mughrabi que,  también,  es mencionado por Mujar al-Din.

Hay muy pocos datos de la historia del barrio de Mughrabi. Lo mismo sucede con los monumentales ensayos  “Jerusalén Mameluca” o “Jerusalén Otomana”, que  contienen referencias, parciales o insignificantes, sobre ese vecindario. En general se cree que los residentes de Mughrabi eran de clase social muy baja. Tampoco hay datos  sobre edificaciones públicas o religiosas en el lugar.

En el año 2004, cuando la rampa de Mughrabi se desplomó, fue descubierto un pequeño cuarto,  con una alcoba y una cúpula en la parte superior; una suerte de nicho de plegarias de los musulmanes, orientado al sur. Algunos sugieren que,  ese espacio,  constituye parte de lo que era una sala de oración de una madrasa (escuela de estudios religiosos de los musulmanes), ubicada cerca de la puerta de Mughrabi.

Luego de la Guerra de los Seis Días, el área de la plaza del Muro Occidental, fue expandida hacia el sur. Durante esos trabajos, se descubrieron  el pórtico norte y la gran piedra del dintel, del área más antigua de las puertas, conocida por su nombre científico, la Puerta de Berkeley, y puede ser vista en la sección de mujeres del Muro Occidental. Fue descubierta,  en 1848,  por el misionero James Thomas Berkeley que, en ese momento, se desempeñaba como Cónsul Americano en Jerusalén. Berkeley descubrió la puerta desde su lado interior, dentro del Monte del Templo. Ese hallazgo permitió,  a los investigadores,  identificarla como una de las Puertas del Monte del Templo, del período del Segundo Templo,  y  mencionada en fuentes judías y cristianas de la época, incluyendo la Puerta de Coponius. La Puerta fue bloqueada, con piedras,  al final del Siglo X (EC) y,  la habitación de la puerta del lado interno, fue consagrada a El Buraq. Hoy en día, esa cámara se encuentra cerrada y su entrada está prohibida,  salvo autorización  del WAQF.

A través de los años, la fachada externa de la Puerta de Berkeley fue cubierta y,  el terreno exterior del Monte del Templo,  fue levantado varios metros por encima del dintel. En algún momento, probablemente en el siglo XII EC o  quizás  más tarde, una nueva puerta,  llamada Bab Al Magriba,  fue instalada en el Muro Occidental,  por encima del nivel de la Puerta de Berkeley. Esta es la Puerta de Mughrabi, nombrada después así por los residentes del vecindario, que habían llegado a Jerusalén desde Marruecos en los días de Saladino. Hoy en día,  está abierta y es la única entrada para  los no-musulmanes  al Monte del Templo.

En los comienzos del siglo XIX, investigadores europeos y americanos comenzaron a investigar el Monte del Templo y sus alrededores. Así  descubrieron, además de la Puerta de Berkeley, los restos de los Arcos de Robinson y Wilson, llamados así por los científicos que los sacaron a la luz. Otros conocidos investigadores, como la británica Kathlee Kenyon,  condujeron excavaciones en las áreas adyacentes al Monte del Templo.

Luego de la Guerra de los Seis Días comenzó otro momento en las investigaciones históricas y arqueológicas. Fue cuando se iniciaron las  excavaciones, a  gran escala,  en el área occidental del Muro, conducidas por el Profesor Benjamín Mazar; realizadas  en esa zona  y hacia el sur de la plaza del Muro Occidental, y otra  situada  dentro de la plaza misma. Más tarde, el arqueólogo Meir Ben Dov supervisó las excavaciones realizadas en el túnel del Muro Occidental y por debajo de  las casas del barrio musulmán. Esas investigaciones continuaron,  con mucho énfasis, siendo conducidas por Dan Bahat. Desde el principio, generaron una tremenda oposición en los círculos e instituciones internacionales islámicas, que no aceptaban los trabajos de investigadores israelíes en Jerusalén, rechazando,  incluso,  los importantes hallazgos. Unas veces la oposición fue moderada; otras, cuando las voces incitantes tomaban las riendas, la situación culminaba en ataques y violencia. Aquellos que se expresaban  contra las excavaciones justificaban su posición alegando una fuerte preocupación por las obras bajo los muros, así como por la destrucción intencional de las Mezquitas en la superficie.

Los trabajos  conducidos por Mazar,  al sur del Muro Occidental y por Ben Dov y Bahat en los túneles del Muro Occidental, revelaron descubrimientos arqueológicos de extrema importancia, que contribuyeron al  conocimiento sobre el pasado de Jerusalén. Los arqueólogos removieron varias capas, incluso las situadas a lo largo de los muros del mismo Monte del Templo. Revelaron que,   las capas,  datan de la época herodiana en su máximo esplendor, al lado de las cuales se encuentran las Puertas de Hulda y  rastros de calles del  Segundo Templo, las que fueron  cubiertas por la caída de grandes piedras,  derribadas por los soldados romanos,  de los muros del sitio sagrado.

Los romanos construyeron nuevas edificaciones sobre las ruinas judías, muchas de las cuales, como los baños romanos, fueron descubiertas en la zona.  En el período bizantino, el lugar fue muy prestigioso y,  cerca de las calles pavimentadas (zona denominada El Cardo), se construyeron  una docena de residencias e instituciones públicas bizantinas. Cabe destacar que,  entre los importantes descubrimientos, producto de esas excavaciones, hay cuatro enormes edificaciones,  construidas por los primeros gobernantes musulmanes de Jerusalén de la dinastía omeyadé.  En los años 1990, la IAA reinició las excavaciones en el área del parque arqueológico hacia el sur del Muro Occidental,  abierto al público como un bello y moderno parque arqueológico,  que exhibe fielmente los rastros del pasado de Jerusalén y la historia de la ciudad. Los túneles del Muro Occidental fueron,  también, colocados a disposición del público.

 Las excavaciones arqueológicas en esta importante área no terminaron. En el último año y medio, la IAA llevó adelante búsquedas,  a gran escala,  en la plaza sur del Muro Occidental,  que sacaron  a la luz espectaculares e instructivos vestigios de 2000 años de antigüedad. Estas excavaciones, así como otras conducidas por la IAA en Israel en general, y en Jerusalén en particular, están acompañadas por un comprometido trabajo de preservación,  que tiene por objetivo mostrar las huellas del pasado de la ciudad, con las particularidades y naturaleza de cada período.

Entre las acciones de conservación, se destacan los trabajos de restauración y preservación del muro Machkema del Periodo Mameluco, y la parte norte de la plaza del Muro Occidental.

Incluso ahora, con los inicios de las excavaciones en la rampa de Mughrabi, los arqueólogos y los profesionales, trabajando codo a codo, anticiparon los descubrimientos por venir; mientras que,  conservadores y arquitectos,  están llenos de ideas sobre cómo preservar y mostrar lo que ya fue revelado, para el beneficio de la ciudad de Jerusalén, sus habitantes y aquellos que la aman, no importa el lugar donde vivan.


[1] traducción al hebreo realizada por Yosef Drori, en Ariel, revista sobre Israel, edición 59, 5748.

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