Fuente: www.elreloj.com

Los frentes son múltiples; la guerra, una sola. En Gaza,en Beirut, en Bagdad, en Afghanistan y en medida creciente en Teherán se lucha por o contra el alma y la imágen de un “nuevo Medio Oriente musulmán” que de no ser frenado irá por Europa. Perdón, ya va por Europa.

En esta guerra se enfrentan musulmanes fanáticos frente a musulmanes y otras minorías más moderadas;jihadistas contra defensores de ciertos derechos humanos;terroristas contra civiles inocentes. Por primera vez en este tipo de enfrentamientos, en el marco del mundo árabe, también los moderados sostienen las armas y llevan adelante sus guerras.

Las consecuencias de este complejo enfrentamiento fijarán el futuro de la civilización árabe-musulmana y el caracter de todo el Medio Oriente. Si en Gaza, por encima de acuerdos falsos, se impone el Hamas;si en Líbano Hizbollah doblega al legítimo gobierno libanés moderado;si en Bagdad los hombres-bomba tiran abajo al gobierno electo y echan a los norteamericanos y si en Teherán los fanaticos como Ahmadinejad incrementan su poder montados sobre aparatos nucleares;si todo esto sucede la zona se hundirá en un mar de atraso y violencia. Y en un mar rojo de guerras religiosas.

Siendo optimistas porque no pensar que el desenlace puede ser a la inversa. Los palestinos moderados se imponen en elecciones limpias sobre el Hamas;el Hizbollah fracasa en sus intentos golpistas;el presidente de Irán cae en internas del poder en favor de un Irán moderado; las bandas asesinas en Irak son contenidas. Presumo que estamos más cerca del primer escenario que del segundo pero la historia reciente indica que es posible frenar al Islam jihadista (Egipto y Argelia lo lograron) aún al riesgo de dolorosos conflictos civiles. Evitar un conflicto tiene su precio. Los musulmanes fanáticos no estan capacitados para dominar ningún país. No pudieron en Afghanistan cuando gobernaron los talibanes o el Hamas cuando hace un año y algo más llegó al poder en Gaza;no pudieron ni en Sudán ni en Somalía donde han llevado a esas sociedades a un desastre.Ellos sólo saben arrastrar a sus pueblos a guerras y baños de sangre. Desde ese punto de vista el fanatismo islámico adopta modelos políticos de las ideologías occidentales extremistas como lo fueron el facismo y el nazismo en la década del 30 del siglo XX..Al igual que en esos regímenes totalitarios el fanatismo islámico necesita el fuego permanente de la revolución armada, de la guerra santa que impondrá sobre el otro su sello. Solo así, con incitación y guerra puede movilizar a masas y silenciar a opositores. Por ello desean afanosamente desestabilizar a los gobiernos que buscan ordenar sus sociedades. El Islam fanático y la estabilidad no se llevan bien. Por ello es que no hay posibilidad de convivencia o coexistencia en paz entre fanáticos y moderados. Es el sueño de un gobierno de unidad nacional palestino en donde los terroristas se sientan al lado de otros que dicen no ser terroristas pero que manejan grupos terroristas;fanáticos al lado de expertos. Algo así no puede perdurar.

Israel, que tiene un rol gravitante en Medio Oriente, esta fuera de esta guerra interárabe y musulmana pero no esta exenta de pagar precios, como el atentado en Eilat.Es que la relación entre el mundo árabe-musulmán con Israel es uno de los puntos del enfrentamiento pero no es el punto central de la discusión tal como siempre lo presenta el diario Clarín con sus notables columnistas antiisraelíes.En el corazón de la discusión se encuentran las preguntas del futuro:¿Qué horizonte les espera a los millones de niños árabe-musulmanes? ¿Su hambre y analfabetismo también es culpa de Israel?¿A quién se lo quieren hacer creer ? ¿les espera Jihad o progreso?¿oscuridad o luz ?

Estos dilemas necesitan ser resueltos por el mundo árabe y la solución a los mismos no conoce atajos ni chicanas para culpar a otros de miserias propias.

co-director de Comunidades

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