Fuente: www.piedralibre.co.il

Jana Beris

Entrevista con uno de los mayores luchadores contra la judeofobia, el antisemitismo, que además es uno de los latinoamericanos más destacados en la defensa de la causa de Israel a nivel mundial

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Gustavo Perednik: Soy un educador, y como tal, mi horizonte de intereses es amplio. Me interesa la investigación y el estudio, y me atrae sobre todo lograr simplificar cuestiones complejas para intentar transmitirlas a mis alumnos. Y defender la causa de Israel me parece una de las tareas más nobles y desafiantes que existen.

PL: ¿A qué atribuyes las tendencias que se viven hoy en América Latina -y nos resultan muy preocupantes las de algunos sectores de izquierda-, tanto en tu Argentina natal como en otros países?

GP: La fuente del odio es Irán. Desde allí se exporta al mundo entero, con ilimitados recursos e ilimitadas ansias de destruir. El problema en América Latina es que se ha erigido en Caracas una especie de representación de los ayatolas, también impulsada por el ímpetu de perjudicar lo ajeno en vez de construir lo propio. Y el demagogo se puede dar el lujo de dilapidar los recursos de su país en payasadas y en bravatas, porque aunque Venezuela esté cada vez peor el petróleo sigue generoso. Con todo, una vez que la teocracia iraní sea vencida, comenzará a desinflarse la ola de odio que ha surgido en muchos otros países. Me parece que el quid de un mundo mejor pasa por el derrocamiento de la violencia iraní, heredera del nazismo.

PL: ¿Realmente sería lo más lógico que justamente elementos progresistas, lo que yo llamo izquierda de verdad, tenga problemas serios en identificarse con regímenes reaccionarios como algunos del mundo árabe, verdad? Ni siquiera digo que tengan que aliarse con Israel, pero sí que deberían ver la problemática seria que hay en las prácticas del diario vivir en Irán, en Arabia Saudita, en Siria.

GP: La experiencia muestra lo contrario. Lo que permitió el estallido de la Segunda Guerra Mundial fue precisamente que una semana antes, la izquierda se aliara con el nazismo. La izquierda ha sido frecuentemente ciega en cuanto a quiénes son sus enemigos; cae cautiva de dictadores de todo signo, porque en general ve a la democracia liberal como una especie de mal menor. Fíjate que su saña contra Sharón o contra Bush siempre fue y es mucho mayor que la que ejercían ayer contra Arafat u hoy contra Osama Bin Laden, los jeques saudíes, los ayatolas, o los dictadores árabes.

PL: Te iba a preguntar si acaso no crees que esta guerra, la del esclarecimiento, la de la hasbará, está perdida, dadas las corrientes que vemos hoy en el mundo. Pero supongo que si lo creyeras, no seguirías participando en ella…

GP: Mi público prioritario son los judíos, sobre todo los jóvenes. Ellos están siendo permanentemente confundidos por las mismísimas organizaciones que deberían darles respuestas. Y con ellos, la batalla no sólo no está perdida sino que avanzamos. Participé hace poco en las afueras de Buenos Aires de un seminario que supuestamente se hacía para capacitar a jóvenes judíos a contrarrestar la ola de hostilidad. ¿Podés creer que una buena parte de los oradores que habían sido invitados eran gente que sostiene que la judeofobia no existe, o que es culpa de los judíos, o que Israel es terrorista, o que el antisionismo no es tan grave? Es como si convocaran a la juventud a un congreso para prevenir la drogadicción y les ofrecieras narcotraficantes como expositores.
Este es el problema más serio que afecta al pueblo judío hoy. La autoflagelación, la aquiescencia para con los peores enemigos de Israel que proviene precisamente de los organismos que reciben fondos para mostrar la causa de Israel y el pueblo judío. Por ello nació la Fundación Hadar que estoy impulsando.

PL: ¿En qué consiste esta Fundación?

GP: La Fundación Hadar nació en 2006, gracias a la iniciativa de un grupo de empresarios que valoran mi trabajo, y que notan que los organismos que deberían hacerse cargo de la batalla de Hasbará (esclarecimiento), a veces son inoperantes y otras sencillamente patean en contra. En el website http://www.hadar.org.ar se leen sus objetivos, y si se abren los informativos puede seguirse paso a paso nuestra obra.

PL: Sabemos que entre quienes defienden a Israel, también hay diferencias de matices. Yo no creo que detrás de cada crítico haya un antisemita. ¿A ti te parece que todo aquél que critica a Israel sí tiene una veta antisemita o consideras que también hay críticas legítimas?

GP: Por supuesto que hay críticas legítimas. Y una de las metas de un educador judío debería ser enseñar a cómo distinguir críticas bienintencionadas de odio inveterado. Hay parámetros racionales para ello. Dos relativamente fáciles para diferenciar entre crítica y odio son el tipo de lenguaje que se utiliza y el grado de obsesión para con Israel. Si alguien llama al sionismo “nazi”, no está criticando: está ejerciendo la judeofobia por medio de banalizar el Holocausto y de distorsionar la realidad. Y si entre los 192 países del mundo se elige al país judío, y sólo a él, para exigirle lo que no se le demanda a nadie más, pues no se está siendo “crítico” sino obsesivo

PL: No podemos mantener esta conversación sin hacer referencia explícita a la reciente presentación, en la Universidad ORT, de tu nuevo libro “Notables pensadores judíos en la civilización occidental”. ¿Te puedo pedir, ante todo, que en el marco de las limitaciones que permite un reportaje así, me digas cuáles son los pensadores judíos que a tu criterio resultan más notables? O sea: ¿Podrías elegir de tu propio libro a los que más te impactan?

GP: Los que más me impactan a mí no necesariamente coinciden con los que más influyeron en moldear la civilización occidental, y que resulta arduo seleccionar. Elegirlos es una de las etapas más apasionantes de la escritura del libro. Para ello me baso en varios criterios. Entre otros, los contenidos (que sus ideas surjan de la matriz judaica), la biografía (que incluyan una experiencia judaica definitoria), o lo social (que se hayan percibido sus contribuciones como ligadas al pueblo hebreo). Sabés que ya vamos por treinta y dos pensadores, y estoy trabajando en el tercer tomo con dieciséis más.
De las ideas raigales que moldearon el pensamiento Occidental destaco los capítulos de Abraham, Isaías, Maimónides, Hermann Cohen, el Rav Kuk y Erich Fromm. En Abraham personificamos el monoteísmo, que revolucionó la visión del mundo. Isaías llevó el mensaje profético a su clímax: La religión se expresa en la moral. Maimónides fue pilar en el racionalismo, Hermann Cohen resolvió cuestiones filosóficas con mucha creatividad (por ejemplo el concepto de pueblo elegido), el Rav Kuk aplicó su filosofía poética a la presente redención de la humanidad, y Erich Fromm reinterpretó el concepto de alienación a la luz de las enseñanzas proféticas. Entre las secciones que concitan a mis inquietudes personales, caben entre otros el profeta Ezequiel (pionero de la idea de la responsabilidad individual), el Gaón de Vilna (padre del estudio tradicional judaico en un marco racional), Kafka (que expresó como pocos la alienación del hombre moderno) o von Mises (pionero en la refutación del totalitarismo). Como ves, la heterogeneidad de la contribución judaica es inmensa.

PL: ¿Te parece que la civilización occidental, por usar un término muy amplio, es consciente del aporte judío?

GP: Aunque no se puede generalizar al respecto, diría que paradójicamente América lo es más que Europa. Sobre todo si en “consciente” incluís alguna valoración y aprecio. Cuando la judeofobia no nubla la vista, el descubrimiento de las raíces hebraicas de Occidente lleva a un sendero de simpatía por el pueblo judío y su Estado.

PL: Gustavo, has estudiado, con distinciones y honores, en distintas universidades del mundo y has brindado conferencias en lugares muy variados, incluyendo China. ¿Con qué conclusiones se llega de ese “mundo” tan lejano, creo que no sólo geográficamente, respecto a lo que se conoce del pensamiento y la historia judía?

GP: Se relaciona con la respuesta anterior. En China hay gran valoración del judaísmo y aprecio por Israel, porque en general los chinos son vírgenes de los siglos de judeofobia que han envenenado a los europeos. Los chinos también fueron bastante inmunes a la propaganda antisionista contemporánea. Por lo tanto deberíamos invertir en ellos como nuestros aliados del futuro. Con ese objetivo inicié el Programa Ai Tian de Esclarecimiento Judaico en China.

PL: ¿De qué se trata?

GP: El Programa Ai Tian en China surgió a partir de mi viaje en 2001; consiste en conferencias y seminarios en universidades y escuelas secundarias. Ya he visitado una decena de ciudades chinas con ese objetivo.

PL: Hay otra vertiente, de la que no hemos hablado, la de novelista. ¿La ficción tiene un atractivo especial? ¿Es una especie de escape quizás?

GP: No creo que sea un escape, es un placer estético. Las letras son un componente esencial de mi vida; leer te abre mundos insospechados. Por ello muchas veces intento cultivar el placer de la lectura en mis alumnos, sobre todo en esta era del chateo y del cíber: Además, como mis novelas son históricas, investigo mucho antes de escribir cada página y ello es enriquecedor: Mi última novela, “El silencio de Darwin”, que acaba de publicarse en Argentina, me llevó a leer sobre cuestiones apasionantes.

PL: ¿Algún otro mensaje, sobre el que yo no te haya preguntado, que quisieras compartir con los lectores?

GP: Que a pesar de las frustraciones y miedos que depara un período como el que vivimos, nunca perdamos el optimismo judío. Estamos viviendo una época gloriosa de nuestro pueblo y debemos ponernos a la altura de sus logros. ¿Suena muy cursi si me despido con “¡Am Israel Jai!”?

PL: Claro que no suena cursi, para nada. Pero antes de despedirte. ¿Por qué decís que estamos viviendo una época gloriosa para nuestro pueblo? Con tantos problemas con los que lidiamos, ¿Suena un poco raro, no?

GP: Yo creo que no. Nunca hubo tanta libertad para los judíos. El pueblo judío tiene Israel y Jerusalem; judíos se destacan en ciencias, artes, política. Las comunidades oprimidas son casi una cuestión del pasado. El Estado judío tiene una economía firme, descolla en creatividad científica, cibernética, agrícola, médica. Nunca hubo tanto estudio del judaísmo, tanto en universidades como en ieshivot, y nunca tantas publicaciones judaicas en tantos idiomas.

Algo personal

Gustavo Perednik vive en Efrat, en las afueras de Jerusalem con su esposa Ruth (psicóloga educacional, originaria de Londres, a la que conoció en la Universidad Hebrea de Jerusalem) y los cinco hijos de la pareja (Talia, Jonatan, Uri, Hadar y Samuelito), todos excelentes músicos, según nos cuenta. Gustavo tiene 50 años y nació en Argentina. Hace más de 20 años que se radicó en Israel. Dio clases en casi todos los países americanos. En Panamá dictó un curso universitario y allí fue publicada la primera versión de su libro “La Judeofobia”, que luego salió en España, después en portugués en Brasil, y el año pasado en hebreo en Israel. También dio clases en universidades de muchas ciudades en Brasil y en México.

Perednik y su Argentina natal

“Mis vínculos familiares con Argentina son limitados. Por supuesto, tengo muchos amigos, y además últimamente, debido a las actividades de la Fundación Hadar estoy viajando a la Argentina con mucha frecuencia. En cuanto a cómo veo a la Argentina de hoy, está en una encrucijada. Debe optar entre ser líder de Occidente en la guerra contra Irán (Argentina es, después de Israel, el país más agredido por el terrorismo iraní) o continuar con una trágica “chavezación” de su política exterior”.

Frente a Quebracho

PL: Hace poco tiempo, circuló por la red -lo sabrás supongo- el video de tu participación en el programa de Mariano Grondona en Buenos Aires, frente a representantes de Quebracho. Yo miré toda esa entrevista por Internet y me imaginaba cuánto tendrías que esforzarte para responder a esa gente con la altura que lo hiciste, sin levantar la voz siquiera, aunque estabas ante verdaderos patoteros. ¿Podés compartir con nosotros algo del proceso que iba por dentro, de lo que pensabas mientras ellos hablaban?

GP: Estoy acostumbrado a ese tipo de “diálogo” en el que la parte agresora sólo grita e interrumpe. El esfuerzo no es tan grande si te concentrás en el hecho de que tu verdadero interlocutor es la audiencia que escucha, y no el irreflexivo que tenés delante, cargado de desprecio y rencores. En ese contexto, a veces con los silencios podés ser elocuente, incluso con los silencios forzados por las interrupciones. No había “proceso” por dentro: si estás convencido de tu verdad, ésta fluye naturalmente.

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