… La esencia es la que cuenta. Este es uno de los fenómenos más extraños en la historia de la humanidad. Muchas países fueron divididos desde Irlanda hasta Corea y Vietnam; el objetivo de todos los pueblos cuyo territorio fue dividido y, de hecho, las declaraciones de los gobernantes de otro países, fueron y son que es necesario traer su reunificación. Puede llegar una nueva época a establecerse entre la voluntad y el objetivo, entre su persecución y su materialización, pero nadie habrá de dudar que la división de un país representa una tragedia.

 

Y he aquí que de pronto el pueblo judío logra por vez primera en dos milenios reunificar la tierra de sus antepasados, el Eretz Israel occidental. Y surgen esta vez judíos con planes tendientes a dividir la tierra que finalmente logró su unificación.

 

… En la década del 30, la Comisión Phil británica, recomendó dividir el territorio de Eretz Israel occidental, y levantar en él un pequeño estado judío. Mientras las discusiones se desarrollaban en el seno del pueblo judío acerca de si aceptar o no aceptar, llegó la nefasta era del nazismo con su corolario de exterminio de un tercio de nuestro pueblo. Todo ello rebalsó el estrecho marco partidario. Como recordamos, tanto Berl Katzenelson como Ushishkin, se opusieron a una nueva división de tierras de Eretz Israel.

 

En noviembre de 1947 se resolvió la partición de Eretz Israel occidental. Sobre el fondo de la Resolución de las Naciones Unidas, volvió a surgir el debate en el seno del pueblo judío en torno a la división. Sabíamos que la partición significaba un renunciamiento a la patria de nuestros antepasados. Pero una Resolución significaba, de hecho, una fuente de autorización de los países del mundo, desde Washington a Moscú, a erigir un estado judío.

 

Llegó la guerra de 1948, la división de Eretz Israel continuó vigente, con cambios de importancia en relación a lo resuelto por la Asamblea General de la ONU. Hoy todos reconocen que tuvimos razón cuando en 1948 afirmamos que era posible liberar a todo Eretz Israel occidental y no habría existido ninguna discusión con el mundo, como no existió discusión acerca de Acco, Iaffo, Lod.

 

Acerca de uno de los planes para la división de Eretz Israel occidental tuve oportunidad de interiorizarme a través de un periódico americano la lista abundaba en detalles. Quisiera destacar que el gobierno no ha debatido ni se ha expedido acerca de este plan. Me baso simplemente en lo que he leído y tratare de explicar brevemente qué comporta un plan de estas características para una nueva división del Eretz Israel que se extiende sobre la margen occidental del Jordán.

 

El ejército israelí continuará estacionado a lo largo de la ribera oeste del Jordán. Al occidente de esta línea habrán de establecerse poblados árabes. Sobre la cabeza misma del ejército hebreo, implantara Hussein su soberanía, enclavada dentro del territorio de Eretz Israel occidental. A fin de lograr una comunicación entre ambas márgenes del Jordán, dado que el ejército israelí estará emplazado sobre la costa de la citada vía fluvial, le será abierto un corredor. El corredor será amplio y angosto al mismo tiempo y se encontrará bajo la soberanía hashemita. Correrá desde Nablus hasta Transjordania, pasando por Jericó.

 

Basta de escribir este plan con palabras, tal cual acabo de hacerlo, para comprender la medida de su absurdo pero dado que el mismo se encuentra ligado a nuestro problema de seguridad y nuestros sentimientos respecto a la seguridad son muy especiales, nos detendremos a analizar el problema de seguridad que implica el trazado de un corredor como el que indicáramos.

 

Ante todo, está claro que sobre la ciudad ondeará una bandera de Hussein en cada uno de estos poblados, el monarca beduino no introducirá sus soldados sino sus policías. Y no está menos claro que cada uno de sus habitantes, entre los quince y los sesenta años, será miembro de Al Fatah. Hussein no querrá evitarlo y aunque quisiera tampoco podría. Basta mirar lo que actualmente ocurre sobre la ribera este del Jordán. Mientras estamos en Nablus, hay problemas pero habremos de superarles. El día en que no estemos en Nablus, toda su población habrá de transformarse en “Fatah”. No existirá forma alguna de parar sus ataques.

 

Pasemos ahora a la cuestión del corredor. Por definición estará bajo la llamada “soberanía” de Hussein. Nosotros nos encontraremos a los flancos y en el medio- ¿Cuántas armas pueden ser escamoteadas a través de un corredor como éste? No sólo rifles, no sólo “kalashnikovs” … ¿Cuántas bazucas? ¿Cuántas Katiushas ocultas en camiones? ¿Cuántas piezas de artillería? Y nosotros no podremos practicar inspección tal cual lo hacemos ahora. Día tras día, semana tras semana, año tras año, habremos de presenciar el tráfico semi oculto. Y un buen día despertaremos frente a un ejército organizado, poderoso, instalado en el mismo corazón de Eretz Israel occidental. ¿Y cómo habrá de verse entonces nuestra seguridad con posterioridad al viro histórico, geográfico y estratégico resultante de la Guerra de los Seis Días?

 

Llegamos aquí a uno de los puntos cruciales que se escuchan y se escucharán con relación a los planes judíos de partición de Eretz Israel occidental y en consecuencia entrega en manos extranjeras: El problema demográfico, y antes que pasemos de lleno a analizar sus consecuencias es necesario que prestemos atención a otra referencia histórica. La anexión de esa parte de Eretz Israel occidental por Abdalah no fue reconocida de Juris por ningún otro país excepto Gran Bretaña, a la que se sumó mas tarde Paquistaní. El resto jamás quiso reconocer la anexión. Y si nosotros, esto es, el pueblo judío aceptásemos traspasar esa parte de Eretz Israel a un gobierno extranjero – en este caso Hussein – caeríamos nuevamente en las paradojas más incongruentes de la historia humana, el pueblo judío reconocería una anexión desechada por la mayoría de las naciones del mundo.

 

Tuve oportunidad de escuchar una pregunta desde el otro lado del océano: ¿Es que en realidad quieren ustedes gobernar sobre una minoría árabe? La respuesta es simple: no existe un solo país en el mundo que no cuente con minorías. Desde los países más desarrollados hasta las estructuras políticas mas primitivas, todos cuentan con un problema de minorías y, lo que es más importante, han logrado resolverlo. ¡Y nos hablan de una diferencia de cuatrocientas mil almas!”.

 

Este es nuestro punto de vista, tanto en principio como en moral. No hay otro camino. Pero, ¿Qué pasará si a pesar de todo llega a triunfar un plan de partición? Es posible dividir la tierra pero no es posible dividir nuestro derecho. El derecho existe o no existe. Quien está dispuesto a renunciar al derecho judío sobre Belén o Judea. ¿Qué podrá decir de Iaffo? Quien esta dispuesto a renunciar a Nablus ¿cómo defenderá Natzeret?

Es imposible dividir un derecho.

 

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