¿Somos libres? ¿Podemos realmente festejar en este Pesaj? Mientras haya soldados cautivos, dirigentes que sacrifican a su pueblo para aferrarse cada vez más fuerte a sus sillas y judíos que coman el verdadero “pan de la pobreza”, el festejo será tan sólo la esperanza de que el año próximo realmente podamos festejar.
HaLajmá aniá. Este es el pan de la pobreza, relata la Hagadá de Pesaj.Y cuando los judíos del mundo entero nos sentemos alrededor de la mesa del seder – cada familia con su estilo, su grado de apego a las normas y su menú – más de un judío se llevará a la boca el pan de la pobreza. Muchos más israelíes que el año pasado y que el anterior, celebrarán el verdadero Pesaj de la pobreza, reflejo de las carencias de la vida cotidiana condensadas quizás en una sola noche. 

Avadim hainu le Paró beMitzraim. Atá benei jorín.

Fuimos esclavos del Faraón en Egipto. Ahora somos libres.

¿Somos libres?

Cuando nos sentemos alrededor de la mesa del seder de Pesaj, con la familia, con los amigos, con los amigos que son familia, habrá quienes no tengan nada que celebrar.

Habrá quienes, en lugar de dejar la puerta abierta para esperar a Eliahu HaNaví, esperarán a sus hijos. Con desesperación, impotencia, angustia, miedo, y una esperanza muy pequeñita.

Este año, las cuatro copas de Pesaj serán distintas:

La primera, por Guilad Shalit. Ese soldado con cara de nene a quien los secuestradores no permiten que los padres hagan llegar ni siquiera un par de anteojos, que tanto necesita. Ni que hablar de un abrazo, un beso o una simple comida.

La segunda copa será por Eldad Reguev y Ehud Udi Goldwasser, secuestrados y heridos, quién sabe cómo y cuánto. Eldad, cuyos padre y hermanos viven sólo para buscarlo. Udi, con una familia que lo espera, angustiada pero combativa, y una esposa que ansía su regreso para retomar la vida en común, que tan sólo habían comenzado.

La tercera copa de nuestro seder será por Ron Arad, por su recuerdo, por toda una vida de incertidumbre y ausencia. Por todos los que – de una u otra manera – sacrificaron sus vidas para que todos nosotros podamos vivir y disfrutar de este país.

La cuarta copa será la de la esperanza. La esperanza de que este Pesaj traiga la libertad de nuestros soldados cautivos, la prosperidad para Israel y todo el pueblo judío. La esperanza de que nuestros dirigentes vuelvan a ser lo que alguna vez fueron, dejen ya de aferrarse a las sillas, a las prebendas y las ventajas aún a costa de sacrificar vidas a mansalva. Que dejen de avergonzarnos y empobrecernos.Que tengamos paz, que tanto deseamos y nos hace falta.

Le shaná Habaá BIrushalaim Habnuiá. El año próximo en Jerusalem reconstruida.

Que el año próximo nos encontremos, reunidos en Jerusalem, junto a Guilad, Udi y Eldad, todo el pueblo de Israel y podamos levantar cuatro copas de festejo, por la vida, la prosperidad y la verdadera libertad.

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