El término “árabe” se refería en los tiempos pre islamicos a las tribus que habitaban la Península Arábiga. En el siglo VI D.C. existía en el seno de estas tribus una conciencia étnica difusa, basada en la lengua y en rasgos culturales comunes. Este nexo estaba reforzado por la celebración de grandes ferias y justas oratorias y literarias entre las tribus, por la existencia de santuarios paganos a los que muchos acudían en peregrinación, y por otras instituciones intertribales como treguas sagradas, calendario, etc. La mayoría de las tribus árabes eran paganas, aunque las había también que eran judías, cristianas o seguidoras del mazdeísmo de origen persa.

La presencia de Mahoma (570-Ó32 D.E.C.) dio inicio a una nueva religión, produjo la islamización de Arabia y propició la gran expansión árabe fuera de la Península Arábiga.

Mahoma nació en la Meca en el año 570 D.E.C, en el seno de la tribu Quraysh. En aquel entonces, en la ciudad de la Meca se adoraba en especial a una deidad llamada Ala; este era el Dios que había que invocar en los tiempos de grandes peligros, era el creador, el supremo proveedor.

Mahoma quedó huérfano de padre y madre a temprana edad, a los 25 años se casó con una rica viuda, 15 años mayor que el. Liberado de las preocupaciones económicas pudo dedicarse a sus inclinaciones, recibiendo la palabra de Ala y difundiéndola. En su mensaje original esbozado en la Meca, se notan influencias judías y cristianas. El patriarca Abraham es considerado también padre de los musulmanes; Dios es uno, es Todo-poderoso, es el Creador del universo. En sus revelaciones habla del día del juicio, de las espléndidas recompensas que existen en el paraíso para aquel que obedece los mandamientos de Dios, y de los terribles castigos con los que será castigado en el infierno aquel que le desobedece.

El mensaje del Profeta no fue bien recibido en la Meca. En el ano 622, los notables de Medina, ciudad de la que era oriunda la madre de Mahoma, le ofrecen hospitalidad. Según el historiador Philip K. Hitti, en aquella época había en Medina una importante población judía. El que los judíos esperasen al Mesías había influido y preparado a sus conciudadanos paganos para aceptar el mensaje de Mahoma.

El 24 de septiembre de 622, llega Mahoma a la ciudad de Medina. Este acontecimiento es conocido como la Hegira y sirve de punto de partida para el calendario musulmán. Es en Medina en donde el Profeta se con­vierte también en general y jefe de gobierno, de ahí empieza a expandir la voz del Islam por la fuerza militar. También en Medina, Mahoma rompe con el judaísmo y el cristianismo, sustituye el sábado como día de descanso por el viernes; el llamado a la oración desde el minarete en lugar del uso de las campanas; el Ramadan es establecido como un mes de ayuno; la dirección en la que deben de dirigirse las plegarias es cambiado de Jerusalém a la Meca.

En el año 630 Mahoma y sus seguidores conquistan la Meca, entran al gran santuario de Kebaa -antiguo panteón de múltiples deidades y un centro de peregrinaje- destruyen todos los ídolos que ahí se encuentran resonando por primera vez el grito de “no hay más Dios que Dios” (o Alá). Durante los siguientes años, la bandera del Islam dominará un inmenso imperio cuya casta dominante será la árabe. El término “árabe” tomará un segundo sentido: definirá a todos los pueblos que, una vez convertidos al Islam, abandonen sus lenguas ancestrales y adopten en su lugar el árabe. Desde entonces los árabes serán vistos como el centro, el “corazón” del Islam.

En la masa de los pueblos sometidos, a los cristianos y a los judíos se les permite conservar su religión. Podrán vivir entre los musulmanes en calidad de protegidos o “dhimmis” del Islam, pagando un impuesto especial llamado “jizyah”. El Profeta reconoce el monoteísmo de cristianos y judíos, y el que sus doctrinas son sustancialmente justas; sin embargo, afirma, sus libros sagrados han sido falsificados en parte y superados por el Islam. Las consecuencias concretas de estos postulados quedaron codificados en el Convenio de Ornar que sirvió de guía para el comportamiento musulmán respecto a los “dhimmis” (tolerados).

Mahoma logro unificar a todas las tribus árabes sobre la base de la religión. Si Ala personificó la supremacía del Estado, su Profeta fue su legítimo representante y gobernante supremo sobre la tierra. Como tal Mahoma ejerció, adicionalmente a sus funciones espirituales, la misma autoridad temporal que cualquier jefe de Estado. La mezquita se convirtió en un foro publico que lo mismo servia para el culto religioso, que para la denuncia social o la arenga política. El líder en el rezo, el Imán, también debía ser el comandante en jefe de la armada de los fieles, quienes tenían obligación de protegerse los unos a los otros en contra del mundo exterior.

Se crea el concepto del Dar al-Islam (La Casa del Islam), que incluye a todos los seguidores de Alá, y el Dar al-Harb (La Casa de la Guerra), que abarca a todos los que no son musulmanes. Por definición estas dos casas son enemigas, y es obligación del musulmán terminar con la Casa de la Guerra. Los miembros de la casa del Islam pueden llegar a tener desavenencias entre si, pero en el momento de una amenaza externa, todos se unen frente al enemigo común.

Fuente: Joveret Seminario Continental Betar Amlat 1999 .

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