La publicación de algunas de las conclusiones de la primera parte de Informe Winograd ha provocado tres mociones de confianza contra el gobierno Olmert en el Parlamento israelí. No es para menos. Los sondeos de opinión indican que sólo un 2% de la población confía en su primer ministro. El máximo dirigente del Partido Laborista y todavía ministro de Defensa, Peretz, ha puesto de manifiesto que no sólo carecía de la formación suficiente para asumir esa responsabilidad, algo ya sabido dada su biografía de sindicalista, sino también su incapacidad para dirigir un equipo con criterios de racionalidad, estableciendo claramente medios y fines. Su futuro parece tan cierto como el de Olmert.

A pesar del fracaso en el Líbano y de las conclusiones del Informe Winograd la mayoría parlamentaria se resiste a asumir su lógico destino en una democracia: la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones generales. Tras argumentos formales, como que hay que esperar a la segunda parte del Informe o que mientras la mayoría parlamentaria tenga claro un programa de gobierno común no es necesario escuchar la voluntad popular, se esconde la posible desaparición de Kadima y los malos resultados que sus compañeros de alianza temen cosechar. Tratan de ganar tiempo porque no pueden hacer otra cosa. Algunos volverán al Likud como hijos pródigos; no está tan claro que los que abandonaron el laborismo puedan retornar a la casa madre, pero la mayoría no estará en la Knesset la próxima legislatura.

Ha llegado el momento de Benjamín Netanyahu, el actual dirigente del conservador Likud. Casi nadie recuerda con agrado los días en que fue primer ministro. Hombre brillante y excelente táctico, no siempre ha demostrado tener una visión estratégica, ni la serenidad y el aplomo necesario para pilotar la nave israelí en las turbulentas aguas de Oriente Medio. Sin embargo, para sorpresa de muchos supo ser un extraordinario ministro de Hacienda en el último Gobierno de Sharon como jefe del Likud y ha sabido guardar silencio y ser leal al Gobierno durante la II Guerra del Líbano. Las encuestas apuntan a que logrará los mejores resultados en las próximas elecciones generales y que la nueva mayoría se formará en torno al partido conservador. Por mucho que Olmert trate de evitar su forzada jubilación es difícil de imaginar que pueda sobrevivir a la publicación de la segunda parte del Informe, sobre todo si tenemos en cuenta que la oposición conservadora está reservando para entonces sus mejores piezas de artillería. Veremos fuertes debates antes de que la mayoría se descomponga.

Si Bibi finalmente forma gobierno recaerá sobre él la responsabilidad de redefinir la política de seguridad y defensa, a partir de las conclusiones del Informe Winograd. La amenaza convencional se ha reducido frente a la que plantean las milicias fundamentalistas y los misiles iraníes. El nacionalismo árabe ha dado paso al islamismo. El concepto de victoria se hace más difuso y la necesidad de reforzar el apoyo internacional más urgente. Cada época requiere de una estrategia y Netanyahu puede ser el principal autor de la próxima.

Anuncios