Al menos cuarenta personas, entre ellas 22 soldados y 17 milicianos de la organización Al Fatah al Islam, murieron ayer en combates registrados en Trípoli entre esa milicia islámica y el Ejército, en los peores enfrentamientos internos desde el fin de la guerra civil de 1975-1990.

Los combates se originaron cuando el Ejército asaltó una vivienda de los islamistas en busca de los presuntos autores del robo de 125.000 dólares a un banco ocurrido el día anterior en Amyoun, una localidad del sureste de Trípoli.

Durante la búsqueda, el Ejército chocó con miembros de la milicia y los combates se extendieron a las calles adyacentes y al campamento de refugiados de Nahr el Bared, informó la agencia Europa Press.

Según un acuerdo firmado hace diez años, el Ejército libanés tiene prohibido ingresar en estos campamentos, donde la seguridad está a cargo de los palestinos, informó la agencia DPA.

Los milicianos islamistas tomaron varias posiciones del Ejército situadas en la entrada del campamento y dos vehículos de transporte de tropas.

Los enfrentamientos se extendieron luego a la localidad de Trípoli -la segunda ciudad del país- situada a poca distancia del campamento de refugiados palestinos, donde fallecieron diez de los milicianos islamistas.

Un portavoz de la organización Al Fatah al Islam, Abu Salim, confirmó la muerte de dos milicianos y las heridas recibidas por otros cinco en el campamento de refugiados. “Muchas viviendas han quedado destruidas”, aclaró.

En tanto, fuentes anónimas de los servicios de seguridad libaneses aseguran que una de las víctimas del ataque del Ejército es Abu Yazan, uno de los más importantes dirigentes de la organización.

El portavoz de Al Fatah al Islam, sin embargo aseguró no tener información sobre la cuestión y aprovecho para desmentir la autenticidad de un comunicado remitido a las agencias de noticias en el que el grupo amenazaba con desencadenar una ofensiva violenta si el Ejército no detenía el ataque.

Estos combates constituyen los peores enfrentamientos internos desde el fin de la guerra civil en Líbano, en 1990.

El primer ministro libanés, Fuad Siniora, calificó el hecho como una “conspiración” bajo el pretexto del islam, tras manifestar que “los ataques al ejército libanés son un intento peligroso de hacer peligrar la seguridad del país”.

Por su parte, un portavoz de Fatah al Islam dijo: “Nosotros nos defendemos y defendemos a nuestros hermanos sunitas que viven en Trípoli, porque fueron atacados por el ejército libanés”.

Fatah al Islam es una agrupación integrista con una ideología cercana a Al Qaeda, que surgió tras una escisión con Al Fatah-Intifada, que a su vez se había separado en 1983 de Al Fatah.

Estos incidentes añaden un elemento desestabilizador más a la crisis política libanesa marcada por el enfrentamiento entre el Gobierno pro-occidental del primer ministro Fuad Siniora, y la oposición del partido chiita islamista Hezbollah y sus aliados pro-sirios.

A ello hay que agregar la permanente amenaza del poderoso Ejército israelí que el verano pasado inició una ofensiva -de dudoso éxito contra la milicia de Hezbollah- y la significativa presencia de refugiados palestinos, unos 400.000, con sus propias milicias armadas como Al Fatá al Islam.

Producto de violenta jornada de ayer, el Ministerio del Interior sirio decidió cerrar temporalmente los dos pasos fronterizos -Al Arida y Al Dabbousiya- que comunican Siria con el norte de El Líbano hasta que la situación en la zona reúna las condiciones de seguridad necesarias, informó la agencia de noticias siria SANA.

Fuente: Telam

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