La izquierda suele ignorar los hechos simples y llanos, cavándose así su propia tumba. Algunos datos, en respuesta a Dror Atkes.

Por Shaúl Rozenfeld – Ynet

Más de una vez, el trabajo de los propagandistas se realiza por medio de “enviados de buena voluntad”, que a veces están convencidos con todo su corazón de la cháchara que alguien les pone enl a boca, e incluso se muestran dispuestos a la autodestrucción, con tal que ello sirva a la idea en la que creen.
Es difícil saber a qué atribuir la afirmación de Dror Atkes de Paz Ahora de que “el conflicto en esta tierra es entre israelíes, la mayoría hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes, y palestinos nacidos en esta tierra”, en su artículo “Juegos de dominación del estado“. Es posible que Atkes, como aquellos “embajadores de buena voluntad” que tenía el régimen soviético en Occidente aun en sus días más oscuros, reúna en su personalidad buena parte de aquella ingenuidad occidental romántica, y un poco de la tendencia humana a entregarse con todo el ser a mentiras propagandísticas, y a su difusión.
Atkes no es lo principal, su movimiento no tiene los derechos de autor ni la exclusividad de la afirmación de que “los palestinos son nativos de esta tierra”, mucho menos son los únicos que cargan con esta historia de la natividad palestina arrebatada. “Fallos halájicos” de esta clase marcharon de la mano con la propaganda árabe desde los albores del sionismo. Y se sabe que donde hay “fallos halájicos históricos”, ni los fríos datos de la realidad pueden quedar de pie, en especial si los “jueces” provienen de viejas escuelas árabes y de las escuelas de los “nuevos historiadores”  judíos.
En efecto, ¿por qué, por todos los cielos, hay que ceñirse a los datos que duermen en mohosos archivos, como por ejemplo, el censo de Eretz Israel de 1931, que determinara que el lugar de nacimiento de los habitantes del distrito de Jerusalem no judíos se extendía por decenas de países? ¿Y por qué habría que profanar “fallos históricos” tan bien construidos, y anularlos debido a hechos triviales, como el de que la cantidad de idiomas de los habitantes de la zona superaba los 50, y que incluía entre otros, el afgano, el persa, el kurdo, el bosnio, el sudanés y el español?
¿Y con qué fin habría que detenerse, al punto de anular toda la “Torá” y los “fallos halájicos” en afirmaciones como la de la Comisión Permanente de los Mandatos de 1936, que lamentaba la entrada libre y no regulada de transjordanos a Palestina, o que sólo en 1934 penetraron aquí, y de una sola región, entre 30 y 36 mil sirios? Después de todo, también del lado israelí, la política mesoriental nos ha enseñado ya, que la mentira tiene patas, y muchas, e incluso clientes fieles que vuelven una y otra vez.
Cae el castillo de naipes
Y una vez que nos hemos equipado con las verdades históricas atkesianas de que todos los palestinos son nativos de esta tierra y que la mayoría de los judíos son inmigrantes, ello debiera facilitarnos el trazado de la línea de acuerdo entre nosotros y “los nativos de esta tierra desde siempre”. Así, la exageración y el invento, en la descripción de las dimensiones del despojo de los “nativos del lugar” a manos de “los extranjeros judíos”, debiera otorgar un manto de moralidad al hecho de la “conciliación histórica” propuesta por Atkes y sus amigos.

Pues cuando la conveniencia de un acuerdo político se mide también en términos de qué perdió y qué ganó cada parte del conflicto en comparación con su situación original, la descripción de nuestra situación primigenia como inmigrantes carentes de todo debiera darnos una sensación de ganancia más que contante y sonante en la conciliación paz-ahorista que se nos propone.
Todavía, a diferencia de Abraham Burg, Paz Ahora no difunde la “vergüenza de la ocupación” allende el mar, ni –por ahora- se ocupa como él de trucos de comparación entre la Alemania de entonces e Israel de hoy, o de propuestas de anular la definición de Israel como estado judío, ni de recomendar la obtención de un pasaporte extranjero.
Sin embargo, cuando las iniciativas de “paz”, las retiradas y las desconexiones se caen como castillos de naipes ante los ojos asombrados de Atkes y su movimiento, y cuando se les pone en claro, a ellos y al resto de la izquierda, que el umbral de concesión de los palestinos es más parecido a un engañoso horizonte, que se aleja a medida que nos acercamos a él, no es de extrañarse que la fábrica de correcciones, y nuevas concesiones no se detenga jamás.
Así, mientras resulta claro para parte de ellos que lo que fuera propuesto en el pasado por su sector no se acerca siquiera a satisfacer en parte el hambre de la contraparte palestina, y que los documentos de la visión de los árabes israelíes señalan la nulidad de las afirmaciones de que todo es culpa de la “ocupación”, comienza, por otra parte, un paulatino goteo de la izquierda sionista hacia sus variantes post y anti. Y quizás, la realidad reinante, que devora todo “páramo de paz”, y que entre otras cosas impone a parte de los izquierdistas su goteo  hacia el post y el antisionismo, es también responsable de la emisión del documento de defunción de las ideas de la izquierda sionista. Una lástima… o tal vez no.

Fuente: Povesham

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