Al establecer el Estado de Israel, sus fundadores proclamaron “…el restablecimiento en Eretz-Israel del Estado Judío, que habrá de abrir las puertas de la patria de par en par a todo judío…” En cumplimiento de este principio, el Estado de Israel amparó a sobrevivientes del Holocausto, refugiados de los países en que residieron, así como a muchos miles de judíos que vinieron a establecerse en Israel por voluntad propia. La Ley del Retorno (1950) otorga a todo judío, quien quiera que sea, el derecho de venir a Israel en condición de Olé (judío que inmigra a Israel) y adquirir la ciudadanía israelí.

Para los propósitos de esta ley, “judío” significa una persona que nació de una madre judía, o se ha convertido al judaísmo y no es miembro de otra religión. La ciudadanía israelí entra en efecto en el momento de la llegada al país o con la adquisición de un Certificado de Olé, lo que ocurra más tarde. Una persona puede declarar, en un plazo de tres meses, que no desea adquirir la ciudadanía. Un certificado de olé puede ser negado a personas que:

participen en actividades dirigidas contra el pueblo judío;

puedan poner en peligro la salud pública o la seguridad del estado;

tengan un pasado criminal que pueda poner en peligro el bienestar público.

A partir de 1970, el derecho de inmigrar bajo el amparo de esta ley fue extendido a los hijos y nietos de un judío y a sus respectivos cónyuges. El propósito de esta enmienda es asegurar la unidad de las familias en las que haya habido un matrimonio mixto, no se aplica a las personas que fueron judías y se convirtieron por propia voluntad a otras religiones.
cidipal

AJN

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