Por Shaul Rozenfeld – Ynet

“La política es el arte de lo posible”, decía Bismarck, y en nuestras comarcas políticas lo políticamente posible es muy flexible también. Tanto, que Yuli Tamir, semilla del árbol de Shalom Ajshav (Paz Ahora), pudo alinearse junto con todos sus compañeros del Partido Laborista detrás de su líder Ehud Barak, y reclamar junto a él el aumento presupuestario militar, lo que obviamente vendrá a expensas del presupuesto de Acción Social.
Sobre todo, después de haber glorificado su exigencia de “recortes de miles de millones del presupuesto de defensa a favor de los presupuestos de bienestar social” durante las elecciones, y hoy reclamando “miles de millones para el presupuesto de defensa”, no puede uno sino asombrarse ante los actos de nuestra Creación en materia de acrobacia humana.
Se puede, obviamente, explicar el asombroso flick-flack por el gran fracaso de la última guerra, pero esta explicación no se sostiene. Las grandes necesidades de seguridad estuvieron aquí con nosotros desde siempre, aun cuando el general socio-económico Amir Peretz y su ayudante Sheli Yajimovich condenaban con ahínco el presupuesto de defensa.
No fue la gordura del ejército la razón de los reclamos sino el argumento de que los procesos de paz dejarían vastos presupuestos sin utilizar. Del otro lado, la derecha y el ejército mismo y la derecha hacía flamear amenazas inexistentes para reclamar lo contrario.
Y con toda la importancia del debate dietético-presupuestario sobre las grasas de Tzahal, eso no es la medida de todas las cosas, ni siqiuera lo más importante. Si bien una parte nada despreciable del ejército marcha sobre grasas de las que hay que deshacerse prontamente en nuestros días, su mera existencia no puede servir de argumento de peso de que no hay que aumentar el presupuesto de defensa, tanto si el argumento es que basta con tomar de las grasas actuales e invertirlas de modo más criterioso para responder a las verdaderas necesidades de seguridad, como si el argumento es “racionalizar y luego exigir aumentos”. Como lo determinó la Comisión Brodet, que estudió el tema, se deben tomar ambos caminos.
Sólo que, casi siempre, los debates sobre el presupuesto de defensa en Israel pecaron del síndrome del “tratamiento por susto”, sólo por un trauma reciente o por una amenaza concreta que se asoma en nuestro horizonte. Entre una y otra, adrede o no, quedó reprimimos el hecho regional incontestable y grave de que las amenazas que penden sobre Israel no han culminado, sino que, en el mejor de los casos, ingresaron en un coma intermitente, o bien cambiaron de dirección y de efecto acumulativo, y aún no llegaron a una masa críticia que requiera preparación inmediata para el combate. En períodos de esa naturaleza, muchos habitantes de Israel se entregan a la falsa y dulce ilusión, alimentada por políticos y por ciertos periodistas, de que la paz ha llegado a nuestras ciudades. Y así se convierte el presupuesto de defensa en una de las primeras víctimas de la locura y la negación.
Así, se puso de relieve la calma en el norte, para bien de todos los hospedajes campestres en los kibutzim del norte, aún cuando Hezbollah no estaba calmo en absoluto, y llenaba por el contrario sus depósitos con los mejores elementos misilísticos.
Y quien más alimentaba el espejismo turístico es Ehud Barak, el mismo que hoy, con razón, reclama aumentos presupuestarios para la defensa; el mismo presupuesto que debe servir, entre otras, cosas según su reclamante, para enfrentar la amenaza en el norte.
Y al lado de los argumentos conspirativos y patéticos según los cuales nosotros inflamos de modo artificial amenazas, y fabricamos mayormente no más que espantapájaros –entre otras razones, para aumentar el presupuesto de la defensa- están aquellos que, por lo menos desde los acuerdos de Oslo no dejan de intentar enseñarnos la fórmula ya refutada de “menos territorios es igual a mayor seguridad”, o “más paz, menos presupuesto de defensa”. Y quien se apoya en tales fórmulas no puede luego dormirse frente a la tormenta que recoge luego de haber sembrado con alegría esos malos vientos.
Barak, no menos que la mayoría de sus compañeros de partido y de fantasías, reclutó mucha gente para la idea de que las retiradas, las huidas y las iniciativas de paz en nuestra región son los más probados fabricantes de presupuestos de acción social.
Incluso si no ha logrado superar las virtudes de nuestro flamante presidente en la cocción de la fórmula mágica y su difusión en público, su aporte a la idea de “una Tierra rebosante de presupuestos de bienestar social a cuenta del presupuesto de defensa” es invalorable.

Fuente: Povesham

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