Cómo definir políticamente a Hugo Chávez no es una cuestión banal. En un reciente discurso, el mismo Chávez llamaba a estudiar la nueva terminología bolivariana porque ”el lenguaje es muy importante”. El aspirante a dictador tiene razón. Desde hace décadas en el mundo occidental se libra una sorda guerra cultural en torno al lenguaje. En los próximos meses, por ejemplo, vamos a ver como la izquierda va a volver a insistir en hablar de ”las fiestas” y eliminar cualquier mención a las Pascuas y las Navidades cristianas.

Fue Gramsci el que llegó a la conclusión de que lo fundamental no era conquistar el poder político, como planteaba Lenin, sino conquistar los puestos de mando de la cultura. Para Gramsci, fundador de Partido Comunista Italiano, la revolución no era tanto un evento político como un proceso cultural. En cierta medida, estamos contemplando el triunfo de sus ideas. En EEUU, las ideas marxistas dominan la educación superior, Hollywood y la mayor parte de la gran prensa. A ellas debemos la imposición del llamado ”pensamiento políticamente correcto”. Estemos conscientes o no, vivimos en medio de una guerra cultural.

Un exitoso ejemplo de la manipulación del lenguaje es la popular concepción de que el fascismo y el comunismo son polos opuestos. Fue un engaño popularizado por la Internacional Comunista a mediados de los años 30. Se apoyaba fundalmente en que la URSS y otros países socialistas no permitían la propiedad privada de los medios de producción mientras que en la Italia fascista y la Alemania nazi imperaba ”la dictadura terrorista del gran capital”. Era una enorme fallsificación histórica. En la Italia fascista y la Alemania nazi se toleraba la propiedad privada de los medios de producción aunque no se trataba del casi ilimitado derecho del derecho romano o de los EEUU del sigo XIX, sino una posesión condicional bajo la que el estado, propietario en última instancia, se reservaba el derecho de interferir e inclusive confiscar las propiedades que, a su juicio, estuvieran mal utilizadas. ¿No les recuerda algo a los venezolanos? El sistema funcionó porque los empresarios acataron todo tipo de regulaciones e interferencias con tal de salvaguardar algún margen de ganancias. Según la doctrina fascista, la verdadera lucha de clases no era entre clases, sino entre naciones. El objetivo del fascismo era superar las estrechas alianzas clasistas, todas las clases tenían que subordinar sus intereses particulares a los de la nación, y colaborar contra el enemigo externo. No es casual que, al inicio de su carrera, Mussolini fuera un destacado líder socialista. Reconocía el principio de la propiedad privada, pero no como un derecho sino como un privilegio concedido por el estado. En los años 20, por ejemplo, se arrogó la autoridad de interferir con el mercado. Hitler, por su parte, compartía el odio socialista contra la ”burguesía” y ”el capitalismo” y explotó las tradiciones socialistas de Alemania. Su partido se llamaba el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, adoptó la bandera roja, declaró feriado el 1 de mayo y requería que sus miembros se llamaran ”camaradas” (Genossen). En una ocasión, en medio de la Segunda Guerra Mundial, Hitler declaró que ”básicamente el nacionalsocialismo y el marxismo son lo mismo”. ¿No es curioso que Jorge Dimitrov, presidente de la Internacional Comunista, fuera acusado del incendio del Reichstag en 1933 y declarado inocente por los tribunales nazis? ¿Y acaso no firmó Stalin un pacto de no agresión y ayuda mutua con Hitler en 1939?

Dado el valor supremo asignado a la raza, no es sorprendente que los nazis rehusaran reconocer derechos individuales de ninguna clase, incluyendo la propiedad privada. Al mes de tomar el control del gobierno alemán, los nazis suspendieron las garantías constitucionales sobre la propiedad privada. La independencia de la libre empresa se vio radicalmente limitada. El estado nazi intervino en todos los niveles de la actividad económica, regulando precios, salarios, dividendos e inversiones, limitando la competencia y resolviendo las disputas laborales. En 1936, se creó la Oficina del Comisario para la Formación de Precios para garantizar ”precios económicamente justos”, lo que suspendió el mecanismo regulador del mercado.

Un decreto de 1937 estipulaba que el dueño de una granja que no estuviera eficientemente cultivada tenía que pasarla o arrendarla a un granjero más competente. Las tierras podían ser expropiadas para uso ”comunitario”. ¿No les recuerda algo a los venezolanos? El gobierno determinaba a qué cosechas podía dedicarse el granjero y cuánto tenía que entregar a las agencias estatales. Como dijera Schoenbaum en La revolución social de Hitler: “A pesar de una generación de mitología marxista y neomarxista, probablemente nunca una economía ostensiblemente capitalista haya sido dirigida de una forma tan no capitalista e, inclusive, tan anticapitalista como la economía alemana entre 1933 y 1939”.

¿Cómo es posible entonces considerar al fascismo como ”la dictadura terrorista del gran capital”? La experiencia confirma que al igual que la libertad necesita del derecho a la propiedad, el totalitarismo necesita eliminar la autoridad de los ciudadanos sobre las cosas, porque ésta les permite evadir el poder omnipresente del estado.

Hugo Chávez podrá considerarse comunista, pero se define cada vez más como un líder fascista. No es un insulto, es una definición. Y, después de todo, la diferencia no es mucha.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com

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