Tapa y Artículo del Diario La Razón de Perú

 

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Promovidos por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez

El grupo fundamentalista iraní Hezbollah ha importado misioneros chiítas, que ya se encuentran instalados en diferentes puntos del continente, en particular en la región fronteriza venezolana – colombiana, con el consentimiento del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, donde realizan un abierto proselitismo religioso y político contra los Estados Unidos y las democracias regionales.

Pero su presencia se ha extendido más allá de las fronteras de estos países, conforme a diferentes reportes confirmados de los diferentes países de la región latinoamericana, que dan cuenta de la existencia de bases en Argentina, Chile, El Salvador y Nicaragua, y aunque sin confirmar, pero con señales de sus actividades en Brasil y Paraguay. Los informes sostienen que los “misioneros” iraníes importados por Hugo Chávez se encuentran en estos momentos abocados a convertir a los millones de indígenas quechuas y aimaras desperdigados en Bolivia. Es decir que los agentes del terrorismo islámico, guiados por agentes venezolanos, ya están trabajando a un paso de la frontera peruana.

La actividad proselitista y religiosa del Hezbollah en la Amazonía, ya ha producido sus primeros frutos, pues según investigación periodística del periodista boliviano José Brechner, en minutouno.com, han convertido al islamismo a la totalidad de la tribu de los guajiros, conocida también como wayuu, cuyos integrantes, en particular los jóvenes, muestran abiertamente su adaptación a las reglas violentas del fundamentalismo islámico. Nuevo santuario Reportes gráficos difundidos por el propio gobierno chavista de Venezuela, dan cuenta por ejemplo de cómo las mujeres wayuu se ponen el velo, los hombres practican tiro con fusiles Kalachnikov y se hacen fotografiar con el cinturón suicida cargados de explosivos, y los niños se visten a la usanza islámica. Todo indica que la introducción de los musulmanes chiítas en la región venezolana – colombiana es un plan deliberado del gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez, porque esta comenzó inmediatamente después de la expulsión del grupo evangélico “Nuevas Tribus de Venezuela”, luego de ser acusados de espías y genocidas. Inmediatamente después aparecieron los misioneros chiítas, conocidos en el mundo por su alto radicalismo político y religioso, que los ha llevado en Medio Oriente a atacar a civiles israelíes a costa de hombres-bomba suicidas, así como a las tropas norteamericanas establecidas en Afganistán e Irak. Chávez, con esta maniobra, les facilitó un nuevo santuario, porque coincidentemente hace varios años las primeras comunidades chiítas habían sido expulsadas de la zona llamada Triple Frontera por una fuerza multinacional de Brasil, Argentina y Uruguay, que los obligó a desplazarse a Santa María de Iquique (Chile) e Isla Margarita (Venezuela). Chávez los apadrina Cabe anotar que la acción de esta fuerza multinacional, según el reporte periodístico, no estuvo motivada por la convicción de que se trataba de erradicar a un grupo religioso extremista, sino por la consigna de acabar con las bandas de narcotráfico que operaban en esa región y que la habían convertido en tierra de nadie, y donde los primeros “chiítas” se habían sembrado. Luego del ingreso del Hezbollah a Venezuela, el presidente Chávez no disimuló su abierto apoyo hacia ellos, como lo prueban las reuniones públicas con los grupos argentinos del Hezbollah en el Hotel Bauen de Caracas, como igualmente lo ha hecho el presidente de Argentina, Néstor Kichner, en su país. A estos gobernantes no les ha importado el sombrío antecedente del Hezbollah de haber ejecutado el atentado con un mortífero coche-bomba realizado el 18 de julio de 1994, contra la sede de la Asociación Mutualista Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires, que la redujo a escombros y dejó un saldo de 86 personas asesinadas por la explosión y derrumbe del edificio.

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