En los círculos civilizados se considera ordinario hablar de los judíos como asesinos de Cristo o utilizar el lenguaje que evoca la venenosa vieja enseñanza de que los judíos están malditos por siempre a causa de la muerte de Jesús. Aparentemente esos círculos no incluyen al Centro Ecuménico Sabil de la Teología de la Liberación, una organización “de paz” antiisraelí radicada en Jerusalén, o a su fundador, el clérigo anglicano Naim Atik.

Sabil y Atik están muy bien considerados en la izquierda radical cristiana, y organizan regularmente conferencias americanas en las que Israel es denunciado extravagantemente por numerosos críticos. Hasta la fecha este año, tales conferencias se han celebrado en Cleveland, Berkeley, California y Birmingham, Ala.; otra comienza el viernes en la iglesia antigua de Boston.

Igual que los críticos de Estados Unidos no son necesariamente antiamericanos con prejuicios, los críticos de Israel no son necesariamente personas con prejuicios contra los judíos. Pero las denuncias de Israel de Sabil y Atik vienen incluyendo imágenes que vinculan explícitamente al estado judío moderno con la tremenda acusación de deicidio que durante siglos ha alimentado tanto odio y matanzas anti-judías.

“En esta estación de Lent, a muchos de nosotros nos parece que Jesús está de nuevo en la Cruz con miles de palestinos crucificados alrededor” ha escrito Atik, imaginando a “cientos de miles de cruces por todo el territorio, hombres, mujeres y niños palestinos siendo crucificados. Palestina se ha convertido en un Golgotha enorme. El sistema de crucifixión del gobierno israelí opera a diario”.

En un sermón titulado “La masacre de los inocentes”, Atik condena de igual manera a “los Herodes modernos” del gobierno israelí — una referencia al perverso rey del que el Nuevo Testamento dice que mató a los niños de Belén en una tentativa por matar al Jesús recién nacido. En otro sermón, Atik retrata a los israelíes como “habiendo encerrado a los palestinos en una tumba… parecida a la piedra dispuesta a la entrada de la tumba de Jesús”.

En las metafóricas enseñanzas de Atik, en otras palabras, Israel es culpable de intentar matar a Jesús como niño, de matar a Jesús en la Cruz, y de intentar evitar su resurrección. Utilizar “estas imágenes en referencia al estado judío es inexcusable”, dice Dexter Van Zile, un ministro de la United Church of Christ que sirve en el Comité ejecutivo de Christians for Fair Witness on the Middle East. Millones de cristianos estarán de acuerdo sin duda alguna.

Escribiendo en el Diario de Estudios Ecuménicos en el 2004, Adam Gregerman observaba que “los teólogos de la liberación” como Atik y otros, cuya labor ha sido difundida por el Sabil, “perpetúan algunas de las imágenes más desagradables y virulentas de los judíos como malévolos antisociales hostiles a los no judíos… estos juicios han conducido a la demonización de los judíos… Como tal, la teología de la liberación impide más que fomenta las tentativas serias de entendimiento o de poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos”.

Plasmando la grotesca demonización del estado judío por parte de Sabil está el tema de su conferencia en Boston: “El paradigma del apartheid en Palestina-Israel”. Es difícil imaginar una difamación más desagradable.

El apartheid fue el sistema racista y dictatorial a través del que la minoría blanca del gobierno de Sudáfrica oprimió sin escrúpulos a la enorme mayoría negra del país, negando sistemáticamente derechos políticos y relegándola a una educación, una vivienda y un empleo de tercera.

Israel, por el contrario, es una democracia floreciente basada en la tolerancia, las libertades individuales y el estado de derecho. Ciudadanos israelíes de toda raza, etnia y religión — y de ambos sexos por igual — ejercen el derecho de sufragio y disfrutan de libertades políticas y civiles idénticas. Dentro del parlamento de Israel, alrededor de 1 miembro de cada 10 es árabe; incluso hay una mezquita dentro de la Knesset para el servicio de los parlamentarios musulmanes.

Los árabes y otros no judíos trabajan en los ministerios del gobierno de Israel y el servicio exterior, en sus tribunales y en el ejército. Desde la belleza árabe que era coronada Miss Israel a las estrellas árabes de fútbol del país, desde los vivos medios de comunicación en árabe de Israel a los estudiantes árabes en universidades israelíes, las pruebas de igualdad democrática de Israel son aplastantes y omnipresentes.

Es cierto que en respuesta a los mortales ataques terroristas de los palestinos procedentes de Cisjordania y Gaza, Israel se ha visto obligado a adoptar medidas de seguridad rigurosas tales como la barrera de protección entre Cisjordania y el territorio israelí o los controles en los cruces fronterizos. Son impopulares e inconvenientes, pero han salvado las vidas de muchos israelíes — judíos y árabes por igual — de ser asesinados o mutilados. Los controles y las barreras siempre pueden ser retirados cuando los atentados y la incitación acaben, pero las vidas perdidas a causa de atentados suicida nunca pueden ser reemplazadas.

Nada de esto significa que no exista apartheid en Oriente Medio. En ciertos países árabes y musulmanes, la salvaje discriminación contra los no musulmanes, las mujeres o los homosexuales es encumbrada en ley.

Pero en lugar de explorar tal apartheid completamente real, las conferencias de Sabil denuncian en su lugar a la nación más libre de Oriente Próximo. Mientras se reúnan en Boston esta semana, podrían pensar en las palabras de Martin Luther King:

“Veo a Israel como uno de los grandes destacamentos de la democracia en el mundo”, declaraba King en 1968, menos de dos semanas antes de su muerte, “y un ejemplo maravilloso de lo que se puede hacer, cómo tierra del desierto puede ser transformada en un oasis de hermandad y democracia”.

Fuente: Diario de America

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