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  La característica más fundamental en el uso del terror, es la utilización de los civiles como medio para conseguir sus propósitos. Pero no sólo son éstos un medio sino un fin en sí mismo, pues el terror no puede sobrevivir sino consigue implantar un régimen en el que el terror sea la tónica general. No se trata sólo de una dura etapa, en la que se deben “sacrificar” a civiles para conseguir una determinada meta. El terrorista no tiene remordimientos algo inherente cuando se habla de “un precio a pagar”.

Estas características se acentúan más aún en el terrorismo islámico pues la idea religiosa con un mandato divino de por medio, los excusará por siempre en su mente. Los terroristas más tradicionales como grupos separatistas tienen mucho menos acentuado este rasgo, aunque evidentemente todo depende de cada uno, de lo sanguinario y del placer que a veces ponen en la utilización del terror.

Pero tampoco esto nos debe llevar a engaño sobre la naturaleza del terror ateo vinculado a grupos marxistas que son los que más abundan aparte del terrorismo islamista. Porque si de verdad añoran un régimen como el soviético donde el terror era una constante, un método para infundir un continuo miedo en la población, también era su propia naturaleza y su forma de eliminar aquellos elementos que consideraban hostiles o a la posible emergencia de ellos. Por eso el terror es un fin en sí mismo porque una vez practicado inicialmente no puede abandonarse.

Los casos más palpables en esta cuestión, son como se ha dicho los del terrorismo de corte religioso, el islamista, pues es difícil hallar terrorismo en otras religiones, siendo residual como lo es el terrorismo de sectas.

La fortaleza del terrorismo radica en el uso de algo que nos es extremadamente sensible para la población occidental, para la cultura de corte judeo-cristiano o para aquellas culturas para las que la individualidad y lo sagrado de ésta se situé por encima de lo colectivo (el marximo-leninismo desprecia la individualidad) como puede ser la cultura del Japón. Y no es casualidad que la gran fuente aparte del terrorismo islámico sea el terrorismo de corte marxista.

Otro de los grandes activos con los que cuenta es evidentemente su camuflaje, el no uso de uniformes que lo acrediten como combatientes y que por tanto se les considere como tales cuando llegue el caso como sucede con los reclutados en Guantánamo para los que se pide un trato de acuerdo a las leyes de la guerra expresadas en la Convención de Ginebra, por parte de uniones más bien sesgadas ideológicamente hacia la izquierda más que hacia la búsqueda de la verdad y la justicia. El uniforme no es algo caprichoso; se creó para la protección de los civiles, para que no se pudiera infiltrar entre la población civil y que resultara dañada ésta. Y por eso mismo se les da un trato diferente a los soldados que a los terroristas, algo que todavía está por avanzar a causa del vacío legal que ya se va cubriendo –pese a algunos- con la llegada del terrorismo transnacional y masivo.

Pero si el terrorista prescindiera de estos métodos, su eficacia sería nula por lo que renunciar a ellos es imposible, y por tanto no caben eufemismos como resistentes, milicias, grupos combatientes de liberación, etc.

Las guerras se pueden hacer con honor, y muchas de ellas están justificadas como Churchill acertadamente expresó. Pero las guerras y conflictos modernos carecen de elementos morales porque se involucra a una gran parte de la población civil en los conflictos, siendo determinante para la resolución de la contienda. Por eso los Estados Unidos e Israel demuestran un gran humanismo y respeto hacia la población civil, utilizando costoso armamento inteligente, rayos láser, misiles guiados por satélites, y guerra de guerrillas (con lo que ello implica para la seguridad del soldado) entrando casa por casa y refugio por refugio.

A veces se producen fallos no intencionados como el producido esta semana pesada cerca de la ciudad iraquí de Tikrit. Son los llamados daños colaterales, nombrados así por ser no intencionados. Llamar daño colateral a un acto terrorista carece de toda lógica pues el propósito de éstos son precisamente lo que las tropas bienintencionadas intentan evitar.

Pero cuando se producen estos sucesos debe quedar bien claro quiénes son los culpables. Son los terroristas los que tratan de confundir, los que asesinan intencionadamente, los que buscan refugio donde haya civiles, y por eso la responsabilidad nunca debe recaer en las tropas uniformadas, a no ser que se dé un caso de matanza intencionada, para lo cual están los tribunales militares y los crímenes de guerra, lo que nos hace pensar en el humanismo que se le da a la guerra entre dos o más ejércitos uniformados con la existencia de estas instituciones.

Pero el mensaje que debe llegarle al terrorista es que eso no le va a permitir quedar impune, que no por utilizar escudos humanos se va a librar siempre. En efecto, se puede aplazar un ataque cuando hay evidencia de civiles, pero a veces este caso no se da y la población será víctima. Matar a civiles en un momento determinado puede evitar futuras sangrías de esos terroristas campando libremente. Y ése es un precio que nuestra conciencia paga, pero que en realidad no somos responsables.

Todo esto se ve muy bien en los conflictos de Irak, y sobre todo de Israel. Los terroristas palestinos son expertos en la utilización de todos estos instrumentos del terror, porque tuvieron un gran maestro: Arafat.

Los políticos son responsables de proteger a sus poblaciones; no va a recaer esa labor en su adversario. Porque cada uno debe velar por la protección de su propia población. De nuevo vemos que el responsable es el terrorista de campo o de traje como es el caso de los dirigentes palestinos.

Otra consideración es que un civil pierde toda su condición de tal y puede ser eliminado sin ninguna contemplación cuando se involucra no sólo activamente sino también dando refugio a los terroristas. Una mujer entregada a la “causa” que ofrece apoyo logístico pierde su condición de civil, y debe ser tratado de la misma forma que el terrorista más activo.

Hacer la guerra cuidando de la población civil del enemigo es una ardua tarea, que sin embargo han aceptado EEUU e Israel, lo que los honra enormemente. Desbaratar todos los ataques no es tarea fácil, y muchas veces consiguen sus propósitos los terroristas como en el vergonzoso 11-M. Pero debemos entender y saber diferenciar bien cómo y con quién se lucha para delimitar las responsabilidades de cada uno, para no tener confusión en nuestros propósitos y dotarnos de las herramientas no sólo materiales sino morales para afrontar estos desafíos, siendo por tanto más eficientes y justos.

Fuente: Diario de América

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