Julio César Avilán Díaz es un teniente coronel de la Guardia Nacional venezolana, una fuerza multipropósito como todas las Guardias Civiles de los países centroamericanos, a quien se señala como uno de los contactos entre los militares prochavistas y los “misioneros” chiítas llegados a colonizar el continente y declarar la “guerra santa” a los intereses norteamericanos y judíos esparcidos en la región.
Avilán Díaz no fue ajeno al avión fantasma que trajo a la Argentina a Guido Alejandro Antonini Wilson: El militar bolivariano habría sido el noveno pasajero en aquel vuelo y a la vez “observador” de las maniobras de Wilson.
Fuentes discretas de la Policía de Seguridad Aeronáutica dicen que mientras Antonini Wilson y sus acompañantes argentinos discutían por el contenido de la valija, Avilán Díaz descendía en otra zona del Aeroparque junto a bultos que nadie controlaba.

En el esquema de la exportación revolucionaria desde Venezuela, Avilán Díaz está señalado como el nexo entre Hugo Chávez y las FARC colombianas, quienes a su vez proveen de armamento a los carteles del narcotráfico.
El nuevo rol que se le adjudica a este militar, es el de esparcir a los operadores del Hezbollah destinados a América Latina. Obvio: Los terroristas venidos de Irán desconocen la topografìa de nuestro continente y precisan de guías que los lleven a los terrenos que vienen a fertilizar con designios de muerte.

¿Los 800 mil dólares que se le incautaron a Antonini Wilson al bajar del avión estaban destinados a ese fin..? Imposible asegurarlo con certeza, pero fuentes diplomáticas que saben lo que está ocurriendo con esta movida terrorista de Hugo Chávez en América latina dicen por lo bajo que hasta ahora ingresaron a la Argentina más de cuatro millones de dólares con el mismo equipo de personajes pescados “in fraganti” en el Aeroparque porteño.

También es extraño que se haya apagado toda información respecto a la situación procesal del citado Antonini Wilson, mientras crecen las evidencias del despliegue chavista a favor del terrorismo iraní en América latina.
Si en el noroeste de la provincia de Corrientes el Ejército Argentino detectó realmente un campo de entrenamiento de insurgentes-piqueteros, es algo que oficialmente no puede afirmar la fuerza comandada por el General Roberto Bendini, pero que todos saben en los pasillos del Edificio Libertador, sede del Ejército y el Ministerio de Defensa.

En la última gira por los Estados Unidos de la ahora electa Presidenta de la Nación, el vínculo establecido con los principales representates de la comunidad judía establecida en New York fue amplio y cordial de ambas partes. El discurso del Presidente Kirchner ante la ONU solicitando la colaboración de la República de Irán en el esclarecimiento del atentado a la AMIA, aunque débil en su construcción, también fue visto con buenos ojos por los organismos que repudian el terrorismo en todas sus formas.

Sin embargo, convivir internacionalmente con esas declamaciones y a la vez con las peligrosas relaciones establecidas con el propulsor del terrorismo islámico en América latina, es casi un imposible.
Apañar a dirigentes piqueteros constituidos en anfitriones en la Argentina de quienes piensan establecer una geografía de “guerra santa” en el continente, resulta una incongruencia que a la larga se paga con creces.
La propagación de los ideales de odio y destrucción por toda América Latina dejó de ser una expresión de deseos para convertirse en un inicio de hostilidades de la mano de Hugo Chávez. ¿Seguirá así y todo siendo el “nene mimado” de la política exterior Argentina?
El futuro del país depende solo de los funcionarios salientes y entrantes. Y ese futuro puede ser de luto y sangre para un país que solo quiere vivir en paz.

Fuente: Minutouno

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