A punto de cumplir seis décadas de vida, el Estado de Israel se ve en la necesidad de tomar decisiones para hacer frente a nuevos desafíos. Según el autor de este artículo, una política basada en un mayor desarrollo tecnológico, permitirá reforzar los cánones de defensa con los que se mueve el Estado judío, ante el cambio de estrategia de sus enemigos y la posibilidad concreta de que éstos se alcen con armas más efectivas.

En el cúmulo de los incesantes hechos que conmueven sin cesar al Medio Oriente, se ha pasado por alto una fecha emblemática: se han cumplido 60 años de la creación del ejército de Israel por parte de David Ben Gurión, premier de Israel.

Antes de la formación del ejército había cuatro organizaciones paramilitares hebreas: dos oficiales (Haganá y Palmaj) y dos opositoras (Irgún, Leji). Ben Gurión, no sin pocos problemas, decidió ante la inminente invasión árabe al nacido Estado de Israel, que el ejército hebreo debía ser regular y que todas las organizaciones anteriores se fundirían en una sola: Tzahal (nombre formado por las siglas hebreas de “Ejército de Defensa de Israel”).

Desde ese entonces han pasado 60 años e Israel se vió obligada a luchar varias guerras, dos intifadas y participar en miles de pequeños incidentes armados.

La guerra del Líbano del pasado año demostró que Israel y su ejército deben hacer frente a nuevas concepciones estratégicas y tácticas. En los próximos años, si quiere supervivir y conseguir la paz, Israel deberá conformar una fuerza proporcional a la magnitud de las amenazas que enfrenta en un territorio pequeño sin profundidad estratégica. Pasó el tiempo y los esquemas de ese entonces no son válidos hoy. En alguna medida Israel, continua luchando las guerras del pasado aunque todo a su alrededor cambió.


Cambios estratégicos

1) La amenaza militar proveniente del mundo árabe, encabezada por Siria y Egipto, pasó a Irán, que está geográficamente más lejos de Israel; con una cultura islámica intolerante, con armas misilísticas de largo alcance y permanente búsqueda de armas nucleares.

2) Hace 40 años que Israel controla territorios históricamente judíos pero que en la actualidad están habitados por cerca de 3.000.000 de palestinos. Israel proclamó no pocas veces que no tiene intenciones de dominar indefinidamente los mismos. Su dominio es militar más que civil y desde 1993 a 1999 fueron gradualmente transferidos a la Autoridad Nacional Palestina. También es un nuevo desafío el hecho de que Gaza -en manos del Hamas- se separe de la Autoridad Nacional Palestina, luego de la inútil retirada unilateral de Israel en 2005.

3) Desde que las armas misilísticas y balísticas se instalaron en la zona, Israel dejó de tener vanguardia y retaguardia. Todo lugar en Israel puede ser blanco y por ende todo el país es un solo frente con puntos más fuertes o más débiles y que no son fijos.

Los misiles han logrado desplazar a las armas terrestres en su peligrosidad. Hoy es más factible un choque misilístico que uno terrestre, naval o aéreo.

4) Como trasfondo aparece la amenaza nuclear de la cual sólo vemos el comienzo.

5) Independientemente de los ejércitos regulares árabes existen organizaciones semimilitares (Hezbollah, Hamas, Jihad Islámica) y el fortalecimiento de una organización terrorista internacional como Al Qaeda. En el plano político, por un lado, se ve en Medio Oriente la disposición de algunos países árabes a hacer la paz con Israel a cambio de un Estado palestino aunque, paralelamente, crece la deslegitimación de Israel por su política defensiva ante el terrorismo palestino.

Los nuevos desafíos de Israel

El aspecto político en el que los países árabes basaron su oposición a Israel en sus orígenes, fue el nacionalismo. Hoy ese rol lo ocupa el extremismo islámico, que además desgarra al mundo árabe por su rivalidad entre sunnitas y chiítas y por la ambición de Irán de transformar a los estados árabes en un gran califato islámico-medieval.

Esta situación podría generar un conflicto entre “moderados ” (Arabia Saudita, Egipto, Jordania) y extremistas (Irán, Hezbollah, Hamas, Somalía, Sudán). Se trata de una tendencia dado que estas coaliciones ideológicas no se han solidificado, aún.

Para no ser víctima en este conflicto, Israel debe organizarse y recuperar superioridad militar. Es evidente que futuros posibles conflictos militares no se desarrollarán por medio de fuerzas militares clásicas y por ello habría que organizar a la fuerza militar en función de objetivos a cumplir. Somos testigos de una guerra diferente. Si bien hace años el terrorismo acompañaba a la guerra clásica, ahora el terrorismo lleva adelante su guerra con su propia lógica. Es por ello que el ejército israelí debería tener dos comandos: uno para la guerra clásica y otro para el terrorismo. El comando que enfrente al terror debe tener su propia estrategia contrainsurgente, su propio servicio de inteligencia, sus propias armas y conciliar sus acciones con los brazos militares clásicos.

No está claro cuándo Israel podrá abandonar otros territorios y si ello se hará efectivo. Aunque Israel desee hacerlo, en la etapa actual no hay a quien entregarlos por la imposibilidad palestina de tener un comando militar único y unificado. Por el momento Israel no podrá desentenderse de su responsabilidad en los territorios sea por voluntad o por falta de alternativa.

El ejército israelí necesita una nueva concepción tecnológica para erigir un más eficiente sistema armamentístico contra el terror. Israel ya posee conocimientos de robótica que se podrían aplicar a la represión terrorista a distancia. Aún así Israel no tiene suficientes fuerzas humanas. No alcanza con el operador de tecnología a distancia. Para suplir esto Israel debe preparar a una nueva generación de jóvenes tecnologizados. Esta generación existe y está en las mejores universidades israelíes.

Todos estos temas requieren de una evaluación profesional. Pero sin duda, es imprescindible para Israel actualizar su potencial ante los nuevos desafíos. El mundo cambia frente a nuestros ojos y los peligros crecen.

Fuente: Hagshama

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