Revolución antisemita

El régimen que encabeza Chávez es antisemita. Las razones para esta posición son diversas, pero concurrentes, y no las desmiente el hecho de que uno que otro judío haga negocios con el gobierno o pueda ser parte de la burguesía emergente. El antisemitismo oficial se expresa en variadas formas, que van desde las actitudes circunstanciales hasta posiciones de mayor fondo y significado. Desde la idiotez de referirse a “los que mataron a Cristo”, código nada secreto para referirse a los judíos del imperio romano, hasta la solidaridad con un peligroso malandrín internacional como es el dueño de Irán, Mahmud Ahmadineyad, pasando por las campanadas de alerta que representan los dos allanamientos miserables al Colegio “Moral y Luces”.

Los Ricos

Chávez dijo hace algún tiempo: “¿El mundo tiene lugar para todos, pues, pero resulta que unas minorías, los descendientes de los mismos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo¿ ” Como se sabe, la acusación contra los judíos es una mentecatez histórica, pero ha servido para darle un cariz trascendental, originario y eterno, a una supuesta culpabilidad de la cual sería imposible desprenderse ¡Cómo ser inocentes después de haber matado al Hijo del Hombre, a Dios!

Ese señalamiento no por embaucador deja de tener eficacia como música de fondo cuando avanza la retórica antisemita. Se trata de que los directos responsables de aquella muerte -por cierto, necesaria para redimir a los hombres del pecado-, no son sólo homicidas sino que además, en su maldad se han adueñado de las riquezas del mundo. Criminales y además ricos. Se trata de ubicar en los judíos la culpa de las miserias antiguas -por deicidio- y de las nuevas, al ser ricos y excluyentes.

Esta visión, sembrada en vetas llenas de prejuicios e ignorancia en algunas sociedades, entre las que no ha estado la venezolana, sirven para carburar resentimientos, cegueras y políticas.

El Odio

En las sociedades libres viven distintos pueblos, culturas y creencias, en medio del máximo respeto. La diversidad es un signo de orgullo entre seres humanos emancipados. No es así en los regímenes autoritarios, como en la Venezuela de estos tiempos. Las características de éstos son la uniformidad, el terror a la disidencia y el horror a la diferencia. Dos son los instrumentos para aplanar la diversidad: el terror y el odio. El odio hace que se vea al distinto como enemigo; el terror procura la autoanulación del otro, paralizado por el miedo. Esos enemigos requieren ser corporizados, ser representados de manera sustantiva, para que tenga rostro y puedan ser confrontados.

Así en Venezuela están “los oligarcas”, “los ricos”, los del pasado, “los golpistas”, “los neoliberales”, los escuálidos, como categorías comunes para suscitar aquellos sentimientos indispensables para tener enemigos a la mano. Sin embargo, hay enemigos transversales que se construyen lentamente: los judíos, los curas, los que viven “en el Este”, los médicos venezolanos, entre otros. Es un proceso de selección en el que intervienen elementos de inteligencia policial, para que el enemigo tenga rostro humano y el odio pueda soltarse como un resorte brutal.

En el caso de los judíos, Chávez se aprovecha de las ondas antisemitas que van y vienen, y que se encuentran estimuladas por el irresuelto problema del Medio Oriente. La ignorancia y los intereses de los próceres bolivarianos les impiden desprenderse del estereotipo que manejan acerca de “el judío”, totalmente ajeno a la riquísima cultura que expresa ese pueblo, y a su inmenso, continuo y deslumbrante aporte a la ciencia, al arte, a la literatura, a la solidaridad social, al pensamiento moderno, avanzado, progresista, en todos los tiempos. La memez bonapartista del régimen impide ver que los judíos venezolanos, tan venezolanos como cualquiera nacido digamos que en Sabaneta, participan de la creación institucional, política, científica y cultural que ha tenido Venezuela en su historia, sobre todo en la contemporánea.

No deja de ser sorprendente cómo estos autócratas militaristas no advierten que el pensamiento de izquierda; tal vez el más genuino ha sido nutrido por la intelectualidad judía desde siempre.

Alianza con el Forajido

Dentro de la variopinta alianza que Chávez construye, destaca como peculiar forúnculo la que articula con Ahmadineyad. Este personaje ha sostenido que el Holocausto no existió y que el Estado de Israel debe desaparecer. La negación del Holocausto no es para el iraní un problema intelectual, una duda histórica, una titilación del entendimiento; sino una manera de derrumbar los fundamentos del Estado judío, el cual, a continuación, se propone destruir.

No puede venir el caudillo bolivariano a decir que es producto de la simpatía con la causa palestina. Esa simpatía es mera coartada, porque se puede estar de acuerdo con la necesidad de un Estado Palestino y discrepar de las políticas extremas de diversos gobiernos israelíes, sin formar parte del tramado antisemita que Ahmadineyad, Chávez y otros, tejen.

El Estado de Israel es más que un Estado, es la noción del hogar, del refugio, es el nunca-más del Holocausto. El intento de destruirlo es una manera de hostilizar por mampuesto a los judíos del mundo. De esto se hace solidario Chávez en su alianza con el iraní delirante.

No Existen

Por supuesto que el régimen no hace gala de abierto antisemitismo. Usa el mismo método que emplea para pervertir y liquidar la democracia: proclaman su fidelidad al sistema de libertades y lo hacen implosionar, poco a poco.

Cuando hay venezolanos que se enfrentan al régimen y son judíos, en los corrillos oficiales se le atribuye a la condición judía la raíz de su disensión. A los organismos representativos de la comunidad no se les considera interlocutores y, en el marco de las alianzas de Chávez, ya se sabe que han pasado a formar parte de “los otros”.

La historia de los judíos los ha hecho muy sensibles a los primeros signos de la intolerancia, el acoso y la persecución. Huelen los tiempos, oyen las pisadas cuando todavía están a la distancia, captan la frecuencia en la que las hienas emiten sus chillidos. Por eso saben que los elogios al “hermano Ahmadineyad” son barruntos de lo que ya ha caído en Venezuela y que afecta a los judíos como ciudadanos venezolanos y, eventualmente, como comunidad.

El antisemitismo no es un problema que atañe sólo a los judíos. Es una cuestión que implica a los venezolanos no sólo en razón de la solidaridad con quienes son o pueden ser señalados por el dedo del déspota, sino porque cuando la libertad, la seguridad y la condición humana de un judío se encuentran amenazadas también lo están la libertad, la seguridad y la condición humana de los demás ciudadanos.

Fuente: eluniversal.com

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