Comunidades 27/2/08 

La retórica anti-israelí del régimen ayatollah ya era extrema…y desde el asesinato de su paladín-terrorista Imad Mughniyeh se puso peor. Regularmente nos veíamos forzados a oír las diatribas de Teherán -que hay que “borrar a Israel del mapa”, que comenzó la “cuenta regresiva” para su extinción, que el mundo debe aceptar el “colapso inminente” de ese “pequeño Satán”, etcétera- y, por difícil que sea imaginarlo, Irán desde entonces radicalizó su polémica. Muhamad Alí Safari, jefe de las Guardias Revolucionarias, afirmó que “El crecimiento cancerígeno Israel pronto desaparecerá”, por medio de la “radiación de los luchadores del Hizbullah” (nótese la alusión a lo nuclear). El presidente Mahmoud Ahmadinejad se refirió a Israel como un “sucio microbio” y un “animal salvaje”. Ghollan Reza Haddad, presidente del parlamento iraní, amenazó con que “el futuro de la entidad sionista será peor que su presente”. El Jefe de las Fuerzas Armadas, General Hassan Firouzabadi instó a “la destrucción completa del régimen sionista” y a la “liberación de toda la tierra de Palestina”.Y el líder del Hizbullah, Hassan Nasrallah, aseveró que “la Sangre de Mughniyeh anuncia el fin de Israel”. (Además, sus hermanos en armas de Hamás instaron al mundo musulmán a “levantarse para enfrentar al demonio sionista” y el líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Omar al-Baghdadi, ofreció el territorio iraquí como “plataforma de lanzamiento” para capturar Jerusalén).

 

Estas son palabras desagradables, pero proviniendo de los iraníes hay algo de positivo en ello. Por el momento, Teherán ha optado por responder al asesinato de su máximo jefe terrorista con retórica feroz, no con violencia física. Por el momento, claro. No debiera haber lugar aquí para la indulgencia; el lenguaje con el que los terroristas hablan es el del terror y Nasrallah inmediatamente declaró una “guerra abierta” contra Israel. Como si nunca hubiera disparado miles de cohetes katyusha contra la población norteña del estado judío, secuestrado a sus soldados, o atacado objetivos judíos e israelíes en la República Argentina. Pero las prioridades son claras para el liderazgo del Hizbullah: primero es menester reforzar el ánimo de sus luchadores alicaídos por la pérdida de su ser querido, y para ello les suministra la dosis estimulante de fervor anti-israelí repleta de promesas de venganza redentora y horizontes de victoria apocalíptica. Más adelante, inshallah, darán el golpe fulminante. Poco importa que bien pudo no haber sido Israel quien puso fin a la vida de Mughniyeh, figura estelar del terror islamista con pedido de captura de INTERPOL y buscado en más de cuarenta países, o que bien pudo haber habido una interna en el macabro submundo del terrorismo, o incluso participación siria, tal como sugirió el Director de la Inteligencia Nacional norteamericana Mike McConell. No, lo políticamente relevante, lo prácticamente útil, es que esta muerte en Damasco brinda a Irán y al Hizbullah la excusa perfecta, el motivo ideal, para lanzar los planes nefastos que ya hace tiempo tienen reservados para Israel y los judíos.

 

Cual testigo involuntario en la escena del crimen, el mundo entero salvo Estados Unidos elige mirar para otro lado mientras este drama acontece. Desde Beirut, Teherán, Gaza y Bagdad los fundamentalistas llaman a cometer un asesinato en masa contra los israelíes y el mundo permanece impasible. Jerusalén pidió al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condene a Irán por la “incitación pública y directa para cometer genocidio”, algo que está en violación de la Convención para la Prevención y el Castigo del Crimen de Genocidio del que más de 130 naciones son signatarias (incluyendo, tragicómicamente, al propio Irán). La denuncia de Irán no es solamente una cuestión de imperativo moral, con todo lo fundamental que ello es, sino también una cuestión de obligación jurídica, en tanto los firmantes de la Convención “tienen no solo el derecho, sino la responsabilidad, de aplicar la Convención, particularmente en lo referido a la prevención de genocidio” en el parecer de Irwin Colter, profesor universitario y ex ministro de justicia canadiense. ¿Lo harán? Se interrogaba un editorial del Jerusalem Post días atrás ¿Alzarán sus voces las naciones del mundo libre, apenas semanas después de haber conmemorado el Día Internacional para la Rememoración del Holocausto, para sancionar a una entidad que amenaza con un segundo Holocausto a los judíos? ¿Tan bajo ha caído la dignidad humana que para meramente obtener una protesta elemental deba el estado judío solicitarlo formalmente en la ONU? Tal la soledad de Israel.

 

Y tal la duplicidad global. Según datos tomados de la prensa israelí, la compañía francesa Total, la noruega Statoil, y la china Petro China llevan años invirtiendo en el sector petrolero y de gas de Irán. La multinacional alemana Siemens posee operaciones en Irán valuadas en más de usd 500 millones, la francesa Alcatel tiene operaciones por usd 300 millones en Irán, Sudán y Libia, y la austriaca Steyr-Mannlicher le vendió rifles a Irán durante el 2006. En enero de 2007, la firma holandesa Shell se unió a la española Repsol para conjuntamente desarrollar áreas petroleras de Irán por valor de usd diez mil millones. En abril del mismo año un acuerdo comercial valuado en 22 mil millones de euros fue firmado entre Irán y la austriaca OMV, que además de ser la más grande corporación petrolera en toda Europa central, tiene al estado austriaco como dueño de más de un tercio de sus acciones. Durante los primeros diez meses del año último, solamente Alemania exportó por valor de tres mil quinientos millones de euros a la tierra de los ayatollahs. El 40% del comercio exterior iraní tiene por cliente a Europa. 

 

Tengo en mi biblioteca un ejemplar del libro “…Y el Mundo Callaba” de Eliézer Wiesel (así firma el autor); cortesía del IWO y de su culto director. Escrito en Yidish, tiene 253 páginas. Pertenece a una edición del año 1956, impreso en Buenos Aires y publicado por la Unión Central Israelita Polaca en la Argentina. Éste corresponde a la primera edición del primer libro que Wiesel ha escrito jamás. Este libro, primero publicado en la Argentina bajo la guía de Marc Turkow y con módicos 1500 ejemplares, fue luego traducido al francés donde recibió el favor de Francois Mauriac, y posteriormente al inglés, lengua en la que se convirtió en un bestseller internacional con el título “La Noche”. Para cuando este libro llegó a mis manos, yo ya había leído hacía muchos años su versión en español. Escribí esta columna con este ensayo conmovedor e inolvidable a mi lado, y al orientar mi atención una vez más hacia Europa, compruebo con pesar como fue posible que el mundo permaneciera callado ante el asesinato en masa de judíos.

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