Holocausto


Emblemática masacre

Gustavo D. Perednik

El gobierno israelí ha comenzado a investigar el financiamiento de algunas organizaciones que abusan de la libertad de prensa y de movimiento en Israel, para diseminar calumnias sobre supuestas violaciones hebreas a los derechos humanos.

Estas campañas, costeadas por dinero europeo, confían su éxito al hábito de muchos medios de prensa: agitar «la causa palestina» en vez de informar, tarea que es más trabajosa que demonizar al Estado judío. Así, difunden las imputaciones sobre «culpas israelíes», pero guardan silencio cuando éstas son desmentidas. Como la «causa» está por encima de la verdad, los muchos europeos que ensalzan al nacionalismo árabe en Palestina nunca revisan sus orígenes.

Dicha revisión impondría dos verdades políticamente incorrectas: que el movimiento árabe es muy joven, y que surgió como una extensión del nazismo en Oriente Medio. Aunque resulte incómodo para sus secuaces en Occidente, los protagonistas árabes admitieron sin empacho su afiliación nazi. El primer gran líder de los árabes palestinos, Hajj Amin al-Husseini (1895-1974), predecesor y héroe de Yasir Arafat, instigó en 1920 al Pogromo de Jerusalén que obligó a crear la «Haganá»o autodefensa judía.

Husseini fue excarcelado gracias a la política británica de apaciguamiento para con los árabes, y luego fue promovido al cargo de Gran Mufti de Jerusalén. Como es norma, el apaciguamiento no funcionó, y el Mufti procedió a financiar el terrorismo antijudío desde algunas bandas clandestinas como Al-Fida’iya («autoinmolados») y al-Ija’ wal-‘Afaf («Hermandad y pureza»).

Instigador de la llamada Gran Revuelta Árabe de 1936, un año después parece haber sido el anfitrión de Adolf Eichmann en Palestina y, después de asesinar a su hermano (el más moderado Abdulla), participó del golpe germanófilo en Iraq en 1941.

Cuando éste fracasó, se trasladó a Berlín donde se reunió con Hitler el 20 de noviembre de ese año. Husseini ofreció el apoyo árabe a extender la «solución final» a Palestina, y permaneció en Alemania hasta el fin de la guerra, reclutando voluntarios musulmanes para el nazismo. Montó la División 13 de las SS («Handzar») que aniquiló a los judíos de Bosnia.

Se sabe que visitó varios campos de exterminio. Ésta era su meta; no un Estado palestino. Por ello, raramente se publica su biografía ni se exploran sus motivaciones.

En efecto, el antisionismo europeo prohíbe ciertas preguntas, tales como por qué razón los árabes palestinos no reclamaron un Estado propio hasta 1967, o qué fue la matanza de Hebrón de hace ocho décadas.

Ésta, que detallaremos a continuación, fue el resultado directo de las diatribas de Husseini y de uno de sus fanáticos, Aref el-Aref, quien pronunció en Hebrón, el jueves 22 de agosto de 1929, la incendiaria arenga que obró de detonante.

A partir de la noche del 23 de agosto, y durante tres días, la pacífica comunidad hebrea de Hebrón, de unas 800 personas, fue objeto de un terrorífico ataque árabe que asesinó a 67 judíos desarmados y obligó a todos los demás a escapar de la ciudad, que a partir de ese momento permaneció «Judenrein» por primera vez en muchos siglos. Esta historia milenaria merece una breve revisión.

Ubicada a treinta kilómetros al Sur de Jerusalén, Hebrón también es antiquísima. Artefactos de la Edad de Bronce fueron hallados en sus inmediaciones, y se considera bastante precisa la fecha de fundación de 1727 aec aludida en la Biblia Hebrea (Números 13:22).

Hebrón simboliza los albores de la historia judía, ya que hace tres milenios el rey David la eligió como sede de su monarquía (2 Samuel 2:11) y, aún un milenio antes, el patriarca de la nación hebrea, Abraham, adquirió allí su terruño (Génesis 23:16).

Durante la Edad Media visitaron la ciudad, entre otras personalidades: Maimónides (1166), Benjamín de Tudela (1171) y Petajia de Regensburg (1176). Najmánides, quien arribó a Eretz Israel en 1267, solicitó por escrito ser enterrado en Hebrón. Más tarde llegaron Meshulam de Volterra (1481) y Obadiah de Bertinoro (1488).

A partir de 1492, muchos expulsados de España, incluidos cabalistas de renombre, se establecieron en Hebrón. La consolidación de la comunidad comenzó en 1540, con el arribo de Malkiel Ashkenazi, su primer rabino, que inauguró casi cuatro siglos de convivencia pacífica con los árabes locales.

En 1925, debido al volcán judeofóbico en Europa, la escuela talmúdica («yeshivá») Slobodka se trasladó íntegramente desde Lituania a Eretz Israel, y sus 120 estudiantes aumentaron la población judía de Hebrón a 800 personas (de una población total de 18.000). Cuatro años más tarde, con 200 estudiantes se había transformado en la mayor yeshivá de la judería palestina de marras.

Uno de sus estudiantes, Dov Cohen, recuerda en sus memorias que la vida era tan pacífica que un solo jefe policial británico cuidaba de la ciudad entera. En efecto, el único policía en Hebrón, Raymond Cafferata, comandaba una pequeña fuerza local árabe (18 agentes montados y 15 a pie).

La noche del 23 de agosto, jóvenes árabes comenzaron a arrojar piedras contra los estudiantes judíos. Mataron a uno, Samuel Rosenholtz. El rabino Jacob Slonim invitó a todos a refugiarse en su casa, en donde tenía un revólver.

A las 8 de la mañana del sábado, una muchedumbre árabe rodeó la casa con garrotes, hachas y cuchillos. El único agente policial no fue suficiente para detenerlos cuando penetraron en las propiedades de los judíos.

El pogromo de Hebrón

Los árabes exigieron del Rabí Slonim que entregara a todos los ashkenazíes, a cambio de lo cual perdonarían la vida de los sefarditas. El rabí se negó y lo mataron expeditamente. En total, 12 sefarditas y 55 ashkenazíes fueron asesinados.

Diecinueve familias árabes, lideradas por Abu Id-Zaitoun, salieron a proteger a los judíos, y así salvaron la vida de varios centenares.

Husseini fue entrevistado por el periodista holandés-canadiense Pierre Van Paassen (1895-1968), quien en su autobiografía (Días de nuestros años, 1939) describió la masacre:

«Mientras los árabes de la ciudad de Hebrón dejaban sus lugares de plegaria el viernes 23 de agosto de 1929, entre ellos se distribuyeron fotografías trucadas de la mezquita de Omar en ruinas, con la inscripción de que la misma había sido bombardeada por sionistas… Un judío que caminaba hacia la sinagoga fue acuchillado hasta morir. Cuando supo del asesinato, el Rabí Slonim, que había nacido y crecido en la ciudad y que era amigo de los notables árabes, informó al policía local que los árabes parecían estar extrañamente incitados.
La respuesta fue que no se entrometiera en lo que no le competía. Una hora más tarde, una horda atacó la sinagoga y los judíos que allí rezaban fueron asesinados. En la mañana del sábado la yeshivá fue saqueada y sus estudiantes asesinados… los judíos se refugiaron en la casa del Rabí Slonim y permanecieron allí hasta la noche, cuando la muchedumbre apareció ante la puerta. Como no pudieron quebrarla, los árabes treparon los árboles detrás de la casa, se lanzaron a su balcón y penetraron por las ventanas del primer piso. Se apersonó la fuerza montada de árabes que trabajaban para el Gobierno británico, y los judíos salieron de la casa implorándoles que intervinieran, mientras desde adentro de la casa se oían gritos aterradores.
Los policías se alejaron galopando, permitiendo que los jóvenes fueran asesinados en la calle por árabes que llegaban desde todas partes para la orgía de sangre… Contemplamos el techo ensangrentado, y las habitaciones que parecían un matadero. Visité el lugar en compañía de un ex oficial de artillería austriaco y de un corresponsal del viejo Berliner Tageblatt… mesas y ventanas habían sido destruidas, y vimos genitales y pechos de mujer esparcidos en el suelo. Mientras observábamos la destrucción, un soldado británico abrió la puerta con una bayoneta. Entró el gobernador del distrito de Yafo, Keith Roach, seguido de un coronel. Miraron en derredor y Roach preguntó: «¿Almorzamos ahora o vamos primero a Jerusalén?»

La flema de los ingleses ante la brutal agresión condice con la información de que estaban alertas de la inminente violencia, ya que el Alto Comisionado Británico había ordenado a varios hospitales que prepararan camas para atender el estallido de los desmanes. Por ello, el día de la matanza, un gentío de árabes vociferaba en Jerusalén «¡Muerte a los judíos! ¡El gobierno está con nosotros!»

Según el testimonio de Raymond Cafferata: «Cuando escuché los alaridos desde la habitación, subí por un túnel y vi a un árabe degollando a un niño con su espada. Cuando me vio se lanzó contra mí, pero falló». En Hebrón se decapitó a bebés, se castró a hombres, se violó y torturó; se amputaron manos y dedos.

Protegidos por vecinos árabes, sobrevivieron 435 judíos.

Al mediodía llegaron refuerzos británicos, y los árabes detenidos fueron obligados a enterrar los cadáveres de las víctimas en tumbas colectivas. Mientras lo hacían, cantaban celebrando su hazaña. El Alto Comisionado, John Chancellor, visitó la ciudad después del pogromo, y escribió a su hijo: «No creo que la historia registre muchos horrores peores que éste en los últimos siglos».

A mediados de junio pasado, quien escribe estas líneas visitó Hebrón por última vez, en celebración de la boda de una sobrina. Unos quinientos judíos viven hoy en la ciudad, cuya población total llega a 150.000 (en 1967, los árabes de Hebrón sumaban 40.000).

La pequeña y pujante comunidad hebrea retornó a Hebrón a partir de la Pascua de 1968; su presencia allí es garantía de que la violencia judeofóbica no sea premiada con la exclusividad árabe en la ciudad, según exigen muchos árabes y sus aliados europeos.

Frente a ellos, hay árabes que anhelan paz y convivencia, como el Sheikh Abu Khader al-Jaberi, heredero de aquellas valientes familias que en 1929 salvaron al remanente judío de Hebrón.

El liderazgo palestino no condena la matanza de Hebrón ni a sus perpetradores; y la política europea estimula precisamente a ellos.

Hebrón regala varias moralejas:

1) Que la perseverante enseñanza de la verdad histórica permitirá paulatinamente que los europeos conozcan en qué consiste el conflicto en Oriente Medio, muy lejos éste de ser una campaña liberadora contra el pérfido sionismo;

2) Que los medios tienen un rol fundamental en la instigación de la violencia. Hace ocho décadas, la foto trucada de la mezquita en ruinas; hoy en día, las caricaturas nazis en la prensa, como las del barcelonense Carlos Romeu Müller;

3) Que el Gobierno de ocupación británico en Palestino, lejos de ayudar a los judíos a crear su Estado, fue cómplice de la agresión árabe;

4) Que el movimiento nacional árabe palestino nació nazi, y jamás llevó a cabo una autocrítica al respecto;

5) Que la historia judía en Israel no tiene parangón en su antigüedad y continuidad, y que los temporarios alejamientos de los judíos de esta tierra siempre fueron impuestos por fuerzas foráneas;

6) Que actuar a favor de la exclusividad árabe en Hebrón es alentar a las bandas más sanguinarias y retrógradas de entre los árabes;

7) Que los palestinos valientes no son los que matan y educan a sus niños en la autoinmolación, sino los que, muchas veces a riesgo de sus propias vidas, optan por defender la paz.

Fuente: El Catoblepas

Recemos por los judíos. Que Dios Nuestro Señor ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Dios, omnipotente y eterno, tú que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede, propicio, que, entrando la plenitud de los pueblos en tu Iglesia, todo Israel sea salvado”.

Esta plegaria ha sido adoptada por decisión de Benedicto XVI el pasado 5 de febrero, para ser formulada en la celebración litúrgica del Triduo Pascual -el Viernes Santo- y así comunicada a todas las Conferencias Episcopales del mundo, con el consiguiente revuelo entre las comunidades judías y aquellos que han propiciado, desde sus respectivas religiones, el diálogo “judeo-cristiano” abierto después del Vaticano II.

El tema desborda el debate religioso. Más allá de ese bienvenido diálogo, lo que pone en cuestión la plegaria es el principio de tolerancia que preside la vida institucional y social de los Estados democráticos modernos.

Que una comunidad religiosa pretenda difundir su fe, va de suyo. Que rece para que todos los que no la profesan, encuentren su verdad, está en la lógica de la actividad de cualquier activista de una creencia. Pero cuando una iglesia constituida singulariza su prédica en los fieles de otra religión específica y reclama que se haga lo necesario para “salvarlos” estamos entrando ya en el camino de la intolerancia.

¿Con qué derecho, específicamente, se sienta en el banquillo de los acusados de vivir en el error a los miembros de otra comunidad que ejerce el mismo derecho que ella a creer en su Dios? No podemos ignorar que hacerlo con los judíos y con “Israel todo”, que debería ser salvado, es retornar al aire de aquellos tiempos en que desde los púlpitos católicos se les condenaba por “deicidio”, como “asesinos de Jesucristo”. Bien se sabe que esa doctrina fue un elemento sustantivo para que los nazis pudieran desarrollar su prédica antisemita y desatar el Holocausto, la mayor tragedia de nuestra civilización. ¿Dónde estaba Dios? se preguntó el actual Papa cuando visitó el campo de concentración de Auschwitz, y muchos, con incuestionable lógica, le preguntaron dónde estaba entonces la Iglesia católica, silenciosa en momentos en que ocurría una tragedia de la que tenía cabal noticia.

Por cierto, la nueva oración no contiene las frases difamatorias de antaño: ya no se habla de “los pérfidos judíos”, expresión borrada por Juan XXIII. Sin embargo, se inscribe en una dirección fundamentalista de peligrosa actitud discriminatoria. Nadie puede ignorar que el pueblo judío ha sido de los más perseguidos de la historia y, como ha logrado sobrevivir -a diferencia de otros tantos que sucumbieron,- continúa en el centro de vastos escenarios de prejuicio. El fundamentalismo islámico, y hasta jefes de Estado como Ahmadineyad, proponen destruir el Estado de Israel y la nación judía y lo hacen a grito pelado. Tampoco es un misterio reconocer que el prejuicio antisemita va más allá, está aún vigente en el mundo y que la política de Israel, polémica como todas las políticas, ambienta reacciones prejuiciosas.

En ese cuadro, cuando la Iglesia católica, tan parsimoniosa siempre, sale a intentar la salvación de los judíos y de Israel todo, proponiéndose sacarlos del mundo del error en que viven, es obvio que está reinstalando en la picota a ese perseguido pueblo y de alguna manera volviendo a condenarlo. ¿Por qué no se hace lo mismo con los musulmanes o con nosotros los agnósticos liberales, que hoy podríamos debatir el tema al amparo de las garantías que nuestra filosofía logró arrancar a los absolutismos?

Algunos voceros eclesiásticos alegan que la plegaria se ha aliviado de adjetivos acusatorios y que, además, no se leerá necesariamente en todas las iglesias, porque ella se inscribe en la rehabilitación del viejo misal, que no es de empleo obligatorio. Pero no cabe agradecer a la Iglesia que se haya corregido ella misma, limando viejas aberraciones inquisitoriales, del mismo modo que no hace a la cosa el porcentaje de templos en que se lea la plegaria. Lo que preocupa es la plegaria en sí misma, como expresión de un retroceso cívico muy serio. E insistimos en la palabra cívica, porque es un tema de ciudadanía.

La persecución racial, la intolerancia religiosa, la difamación histórica son males endémicos que aún debemos combatir. No es razonable, por lo mismo, que una Iglesia vaticana que venía evolucionando hacia el diálogo y la convivencia, dé este paso atrás. Grande o pequeño no interesa. La cuestión es que la mentalidad que está en la raíz de esa decisión no se compadece con los esfuerzos de los últimos Papas y vuelve a sembrar una semilla de intolerancia que no deberíamos observar con indiferencia.ajn

Redactado por Julio María Sanguinetti fue presidente de Uruguay. Es abogado y periodista

Comunidades 27/2/08 

La retórica anti-israelí del régimen ayatollah ya era extrema…y desde el asesinato de su paladín-terrorista Imad Mughniyeh se puso peor. Regularmente nos veíamos forzados a oír las diatribas de Teherán -que hay que “borrar a Israel del mapa”, que comenzó la “cuenta regresiva” para su extinción, que el mundo debe aceptar el “colapso inminente” de ese “pequeño Satán”, etcétera- y, por difícil que sea imaginarlo, Irán desde entonces radicalizó su polémica. Muhamad Alí Safari, jefe de las Guardias Revolucionarias, afirmó que “El crecimiento cancerígeno Israel pronto desaparecerá”, por medio de la “radiación de los luchadores del Hizbullah” (nótese la alusión a lo nuclear). El presidente Mahmoud Ahmadinejad se refirió a Israel como un “sucio microbio” y un “animal salvaje”. Ghollan Reza Haddad, presidente del parlamento iraní, amenazó con que “el futuro de la entidad sionista será peor que su presente”. El Jefe de las Fuerzas Armadas, General Hassan Firouzabadi instó a “la destrucción completa del régimen sionista” y a la “liberación de toda la tierra de Palestina”.Y el líder del Hizbullah, Hassan Nasrallah, aseveró que “la Sangre de Mughniyeh anuncia el fin de Israel”. (Además, sus hermanos en armas de Hamás instaron al mundo musulmán a “levantarse para enfrentar al demonio sionista” y el líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Omar al-Baghdadi, ofreció el territorio iraquí como “plataforma de lanzamiento” para capturar Jerusalén).

 

Estas son palabras desagradables, pero proviniendo de los iraníes hay algo de positivo en ello. Por el momento, Teherán ha optado por responder al asesinato de su máximo jefe terrorista con retórica feroz, no con violencia física. Por el momento, claro. No debiera haber lugar aquí para la indulgencia; el lenguaje con el que los terroristas hablan es el del terror y Nasrallah inmediatamente declaró una “guerra abierta” contra Israel. Como si nunca hubiera disparado miles de cohetes katyusha contra la población norteña del estado judío, secuestrado a sus soldados, o atacado objetivos judíos e israelíes en la República Argentina. Pero las prioridades son claras para el liderazgo del Hizbullah: primero es menester reforzar el ánimo de sus luchadores alicaídos por la pérdida de su ser querido, y para ello les suministra la dosis estimulante de fervor anti-israelí repleta de promesas de venganza redentora y horizontes de victoria apocalíptica. Más adelante, inshallah, darán el golpe fulminante. Poco importa que bien pudo no haber sido Israel quien puso fin a la vida de Mughniyeh, figura estelar del terror islamista con pedido de captura de INTERPOL y buscado en más de cuarenta países, o que bien pudo haber habido una interna en el macabro submundo del terrorismo, o incluso participación siria, tal como sugirió el Director de la Inteligencia Nacional norteamericana Mike McConell. No, lo políticamente relevante, lo prácticamente útil, es que esta muerte en Damasco brinda a Irán y al Hizbullah la excusa perfecta, el motivo ideal, para lanzar los planes nefastos que ya hace tiempo tienen reservados para Israel y los judíos.

 

Cual testigo involuntario en la escena del crimen, el mundo entero salvo Estados Unidos elige mirar para otro lado mientras este drama acontece. Desde Beirut, Teherán, Gaza y Bagdad los fundamentalistas llaman a cometer un asesinato en masa contra los israelíes y el mundo permanece impasible. Jerusalén pidió al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condene a Irán por la “incitación pública y directa para cometer genocidio”, algo que está en violación de la Convención para la Prevención y el Castigo del Crimen de Genocidio del que más de 130 naciones son signatarias (incluyendo, tragicómicamente, al propio Irán). La denuncia de Irán no es solamente una cuestión de imperativo moral, con todo lo fundamental que ello es, sino también una cuestión de obligación jurídica, en tanto los firmantes de la Convención “tienen no solo el derecho, sino la responsabilidad, de aplicar la Convención, particularmente en lo referido a la prevención de genocidio” en el parecer de Irwin Colter, profesor universitario y ex ministro de justicia canadiense. ¿Lo harán? Se interrogaba un editorial del Jerusalem Post días atrás ¿Alzarán sus voces las naciones del mundo libre, apenas semanas después de haber conmemorado el Día Internacional para la Rememoración del Holocausto, para sancionar a una entidad que amenaza con un segundo Holocausto a los judíos? ¿Tan bajo ha caído la dignidad humana que para meramente obtener una protesta elemental deba el estado judío solicitarlo formalmente en la ONU? Tal la soledad de Israel.

 

Y tal la duplicidad global. Según datos tomados de la prensa israelí, la compañía francesa Total, la noruega Statoil, y la china Petro China llevan años invirtiendo en el sector petrolero y de gas de Irán. La multinacional alemana Siemens posee operaciones en Irán valuadas en más de usd 500 millones, la francesa Alcatel tiene operaciones por usd 300 millones en Irán, Sudán y Libia, y la austriaca Steyr-Mannlicher le vendió rifles a Irán durante el 2006. En enero de 2007, la firma holandesa Shell se unió a la española Repsol para conjuntamente desarrollar áreas petroleras de Irán por valor de usd diez mil millones. En abril del mismo año un acuerdo comercial valuado en 22 mil millones de euros fue firmado entre Irán y la austriaca OMV, que además de ser la más grande corporación petrolera en toda Europa central, tiene al estado austriaco como dueño de más de un tercio de sus acciones. Durante los primeros diez meses del año último, solamente Alemania exportó por valor de tres mil quinientos millones de euros a la tierra de los ayatollahs. El 40% del comercio exterior iraní tiene por cliente a Europa. 

 

Tengo en mi biblioteca un ejemplar del libro “…Y el Mundo Callaba” de Eliézer Wiesel (así firma el autor); cortesía del IWO y de su culto director. Escrito en Yidish, tiene 253 páginas. Pertenece a una edición del año 1956, impreso en Buenos Aires y publicado por la Unión Central Israelita Polaca en la Argentina. Éste corresponde a la primera edición del primer libro que Wiesel ha escrito jamás. Este libro, primero publicado en la Argentina bajo la guía de Marc Turkow y con módicos 1500 ejemplares, fue luego traducido al francés donde recibió el favor de Francois Mauriac, y posteriormente al inglés, lengua en la que se convirtió en un bestseller internacional con el título “La Noche”. Para cuando este libro llegó a mis manos, yo ya había leído hacía muchos años su versión en español. Escribí esta columna con este ensayo conmovedor e inolvidable a mi lado, y al orientar mi atención una vez más hacia Europa, compruebo con pesar como fue posible que el mundo permaneciera callado ante el asesinato en masa de judíos.

Warum?”, se preguntó el venerable rabino, asiendo el brazo del joven SS, que iba a matar a un niño. El chico hacía contrabando, en el gueto de Varsovia, y el soldado lo había descubierto. Años más tarde, el padre de Marek Halter explicó esta anécdota a Primo Levi, quien la narró en su extraordinario libro “Si esto es un hombre”. La respuesta que el soldado dió al rabino, marca a fuego la memoria de Europa, y define la esencia de la maldad: “Hier ist kein warum” (aquí no hay ningún porqué). Es decir, el mal no necesita respuestas, pero, sobre todo, no necesita ninguna pregunta. No había un porqué, y huérfanos del porqué, mataron a millones de personas. Si Hannah Arendt descubrió, en el proceso contra Eichmann, que el mal era banal, años antes un rabino había descubierto que ni tan sólo tenía un motivo. Y la ausencia de motivo era la raíz más profunda del horror.

Esta semana se han celebrado múltiples actos en recuerdo de las víctimas del holocausto. Después de décadas de olvido, la ONU instauró un día para el recuerdo, el 27 de enero, y desde entonces se rinde tributo a los dos tercios de la población judía europea, desaparecidos en la shoah. Familias completas, niños, adultos y ancianos, pueblos enteros con sus historias de siglos, sus médicos, sus maestros de escuela, sus panaderos, sus músicos, todos convertidos en humo. La historia de la humanidad está llena de genocidios, y, como dice la Torá, el mal (llamado allí Amelek), cambia de cara, pero el holocausto es el primer intento industrial de exterminio masivo, y casi consigue llegar a su objetivo.

Siete mil personas, ligeros como espectros, quedaban en Auschwitz cuando “hicieron su aparición cuatro jóvenes soldados soviéticos a caballo”, relata Levi. Y sigue Marek: “Se sorprendieron visiblemente al descubrir, en una bruma de nieve, esa inmensidad blanca, dominada por chimeneas negras y rodeada de alambradas, tras las que unos esqueletos humanos se movían en medio de un silencio ensordecedor”… Restos del naufragio del holocausto, los pocos sobrevivientes fueron la voz de la memoria. Esa memoria, estos días, ha tenido su expresión en múltiples actos, y en Barcelona, de la mano del escritor Marek Halter, hemos conocido a un niño que pudo huir del gueto de Varsovia con su padre, dejando atrás el recuerdo de toda su familia asesinada. Fundador de SOS Racismo en Francia y luchador por la paz en Oriente Medio, Marek es, en carne propia, la expresión de la palabra hebrea “nabí”, traducida históricamente como profeta. Nos decía, en el acto del Instituto Francés que tuve el honor de presentar: “Nabí significaría el que grita palabras”, es decir, aquel que usa el verbo para conseguir el bien. Y desde ese verbo luchado, este judío polaco nacionalizado francés nos recordó que “cada niño que nace, ya estuvo en la ladera del monte Sinaí”, y por tanto se compromete con las Tablas de la Ley.

Gritar palabras, ese es el combate en los tiempos de las espadas…

Este artículo sólo tenía vocación de tímido homenaje a las víctimas del holocausto, convencida de la culpa que todo europeo tiene en el horror que desembocó en Auschwitz. Pero el BNG me obliga a un pesado y antipático añadido. Fruto de la empanada mental que determinados grupos de extrema izquierda padecen, este partido impidió que el Parlamento Gallego aprobara una declaración institucional de condena del nazismo y en memoria de las víctimas. En coherencia con otros actos de corte antisemita – como la persecución a un militante, Pedro Gómez Valadés, porque había fundado una Asociación cultural de amistad con Israel-, el BNG consiguió lo imposible: alinearse con la extrema derecha. Será que los extremos se tocan. Y será que, en nombre de una pretendida solidaridad con los palestinos, hay partidos de izquierdas que desprecian el horror nazi, que no sienten ninguna piedad por las víctimas judías y que son los culpables de la banalización actual del holocausto. Más allá de las simpatías de cada cual con los protagonistas de un sangrante conflicto que dura décadas, el conflicot de Oriente Medio, los millones de europeos asesinados son víctimas puras, y su desprecio es una vergüenza lacerante. En fin. Un motivo más para creer que determinada izquierda llega a tal nivel de dogmatismo que acaba siendo cómplice de los sectores más reaccionarios de la historia. Lo dijo un diputado del BNG: “Nuestros amigos son Irán, Libia y Venezuela”. Todo queda dicho.

Fuente: http://www.pilarrahola.com

La Agencia Judía (Sojnut) había denunciado que el establecimiento es el “mayor distribuidor de literatura antisemita” del país.
Mykola Golavatiy, rector de la Academia Interregional de Dirección de Personal (MAUP), la universidad más importante de Ucrania, aseguró que el antisemitismo “es un concepto inventado por los científicos”.
En una entrevista brindada al diario Haaretz, Golavatiy dijo que en la casa de altos estudios que encabeza hay cientos de judíos, pero consultado acerca de algunas actitudes agresivas contra la comunidad, afirmó: “El antisemitismo no existe, es un concepto inventado por los científicos”.
La Agencia Judía (Sojnut) aseguró que MAUP es la mayor productora y distribuidora de literatura antisemita en Ucrania.
Según Amos Hermon, director de la Sojnut, la universidad “no solo es el principal centro productor de material antisemita, sino que lo distribuye en varios idiomas por todo Europa Central y Oriental”.
La MAUP es una red de escuelas privadas ucranianas que agrupa a más de 50.000 estudiantes
Para los judíos e israelíes que monitorean el antisemitismo en el mundo, es difícil entender por qué el gobierno ucraniano se niega a condenar la acción de un centro académico de tal magnitud en la capital que publica series enteras de libros y ediciones regulares de diarios con contenido antisemita explícito, según los informes sobre el tema de los últimos cinco años.
Ante las acusaciones, el rector afirmó que los judíos también tienen aspectos negativos, y reivindicó su derecho a investigar sobre “lo negativo en la historia” de la comunidad.
Por último, acusó al movimiento ortodoxo Jabad Lubavitch de estar atados “al extremismo y a las acciones terroristas”.

Fuente: Agencia Judia de Noticias

El panorama internacional actual refleja varios inconvenientes pero el más preocupante es el poder nuclear de Irán. Las opiniones se diversifican con respecto a este tema. Sin embargo, no todas adquieren las mismas dimensiones. Hay algunas que impactan más que otras y en las cuales la gente se interesa con mayor atención. La importancia de éstas depende de la persona que las emita. No posee igual trascendencia una frase mencionada por un sujeto desconocido que por alguien popular, muy querido a nivel mundial.

Seguramente, Diego Armando Maradona, sabe que sus declaraciones de cualquier índole siempre son escuchadas en varios rincones del planeta. Y sus expresiones contienen un peso más grande que las de muchas personas. ¿Por qué no cuida sus dichos? ¿No puede contenerse? ¿Reflexiona acerca de sus manifestaciones? Las preguntas se multiplican porque cuando aparece en un medio de comunicación deja frases picantes.

Es de público conocimiento, el encuentro entre el ex futbolista y el encargado de negocios de Irán en Argentina luego del partido de Showbol frente a Brasil en el Luna Park. Lo más grave no es que haya recibido a este señor sino la breve charla que mantuvieron en la cual el diez manifestó su deseo de conocer al presidente más peligroso del universo: Mahmud Ahmadinejad. Es uno de los pocos seres humanos, junto con Hugo Chávez, Luis D Elia, Mario Cafiero, el padre Luis Farinello y otros, que anhelan visitar el país islámico en donde la mujer es tratada como una raza inferior, la dictadura castiga severamente a los opositores y se encuentra el embrión del terrorismo. ¿Conoce el ex capitán de la selección nacional que el petiso y barbudo mandatario, que parece inofensivo pero no lo es, al cual el quiere estrechar su mano, amenazó a Israel de borrarlo del mapa? ¿Sabe que el gobernante más temido de Medio Oriente niega o minimiza rotundamente el Holocausto? ¿Estará informado acerca de lo preocupado que está el mundo por el programa nuclear con fines bélicos y que cinco iraníes fueron acusados por un fiscal argentino en la causa AMIA? Se supone que el astro del fútbol no es tan ignorante y comprende algunos de los hechos mencionados.

El apoyo que el ex jugador les brinda a ciertos funcionarios del exterior hace entrever que sus declaraciones no fueron demagógicas ni casualidad y son parte de su corriente ideológica que se alejan de la democracia. El ex Boca respalda fuertemente a Fidel Castro y Hugo Chávez. Tiene un tatuaje de la cara del primero de ellos en su pierna derecha. En el 2007, viajó a San Cristóbal para dar el puntapié inicial de la Copa América en Venezuela. Estos son sus “amigos”: una persona que desde 1959 no abandona el poder en Cuba en el cual las elecciones no existen y muchos opositores fueron asesinados, torturados o encarcelados, y el otro individuo que intenta copiar los mismos pasos aunque, afortunadamente, el pueblo le impuso un obstáculo, pocos días atrás, en el referéndum para aceptar la nueva constitución. Ahora, es posible que se sume una nueva figurita, la más malvada de todas: Ahmadinejad.

Las críticas de la comunidad hebrea aparecieron enseguida. Uno de los más vehementes fue Hagai Meirom, ex miembro del Parlamento israelí y actual tesorero de la Agencia Judía Mundial: “Maradona nunca fue muy fuerte en lo concerniente al pensamiento y a la palabra. Su fortaleza está en sus piernas y sería bueno que siga manifestando su capacidad y su destreza pegándole a la pelota y no con este tipo de expresiones”. En un periódico de Israel, un periodista aseguró que el ex futbolista se convirtió en un enemigo de su nación, en la cual estuvo 3 veces, y que “no deja de demostrar que es un hombre común, muy lejos de ser íntegro”. Más allá de los reproches de personalidades e instituciones hebreas no se oyeron opiniones en contra de parte de los medios de comunicación. ¿Por qué no se atreven a reprobar ciertas acciones del “diez”? ¿Tan sagrada es su palabra?

No quedan dudas acerca de la grandeza de Maradona como deportista. Fue uno de los mejores de la historia en la disciplina que practicó. Maravilló al mundo con su técnica, calidad y talento. Pero, fuera de la cancha la realidad se modifica. Tuvo varios encontronazos con diferentes personajes. Con los pies es un fenómeno pero cuando se trata de usar la cabeza…

Hace unos días, el Tribunal Constitucional se opuso a que se considerara delito el negar la existencia del Holocausto nazi, alegando que así se disminuiría la libertad de expresión.Yo creo fervientemente en la libertad de expresión. En mis anaqueles reposan juntos Lenin y Hitler, Mao y Goebbels, Tito y Cantalupo. Nunca he creído que el prohibir un libro sea una buena idea: de cualquier libro, por maléficas que sean las ideas que transporta, siempre se pueden obtener buenas reflexiones, o al menos conocimientos que aumenten el sustrato de nuestros futuros juicios de valor. Parafraseando un eslogan feminista, no hay libro malo sino lectores incompetentes.

Pero es que el genocidio, estimados jueces, no es una opinión. La negación de la Shoah es, simplemente, un insulto, una afrenta a un pueblo que ya ha sufrido demasiado como para que le regalen unas migajas de dolor extra.

De acuerdo: también hay libros que niegan que el hombre llegó a la luna o que el 11-S lo preparó el propio pentágono. Dice el Eclesiastés (1,15) que el número de tontos es infinito (Stultorum infinitus est numerus). Y si no lo dijera la Biblia habría que decirlo ahora. Pero no es lo mismo escribir un profundo tratado que demuestre que el sol gira en torno a la tierra, a negar los hornos crematorios. Lo primero solo da risa, lo segundo produce lágrimas.

Y ojo, insisto: nada tengo contra que quien lo desee se ilustre o intoxique con Marx, Rosemberg, Engels o Sponholz. Allá cada cual con la digestión intelectual que haga. Pero esta sentencia no genera libertad de expresión, tan sólo camufla una bofetada a las víctimas del peor genocidio de la historia.

Lo que provoca el sonrojo de la vergüenza ajena, es que una sentencia así se haya dado en España y por el Tribunal Constitucional. Negar el genocidio, tal y como lo hacen el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad o los palestinos radicales (quizá no sea ajeno a este fenómeno la alianza de civilizaciones que el gobierno de José Luis y su guitarra promueven), es tan dañino como suministrar cocaína en los colegios o crear una cátedra de quiromancia.

Y esto ¿a quien beneficia? Si excluimos a los que sonríen al recordar que Adolf Eichmann comentaba en Buenos Aires antes de ser capturado, juzgado y ahorcado en Tel Aviv que “Nos faltaron 1.200.000 para haber terminado la purificación. Las nuevas generaciones europeas nos lo habrían agradecido”, no parece existir nadie más en la cola de las felicitaciones.

Negar impunemente el Holocausto es el mayor acto antisemita que se pueda concebir. Distorsionar la historia (no he dicho revisar; revisar es algo constructivo y esto es mero daño gratuito) convierte el sacrificio de tanta gente en algo inútil. En una victoria de los nazis que los empujaban y apiñaban en hornos crematorios.

Se invoca la libertad para el que ofende. Pero ¿y la de los ofendidos..?. No. Hay personas que no pueden comprender lo que es ver como seis millones son convertidos en cenizas, para que luego un par de cretinos se otorguen la facultad de orinarse sobre ellas. No podrán entenderlo nunca. Quizá, afortunadamente.

Fuente: http://www.minutodigital.com

Artículos Relacionados:

El Holocausto no es cuestión de opinión. Por Pilar Rahola

Negación, minimización y banalización. Por Julian Schvindlerman

Página siguiente »